La Muerte en el Judaísmo - Intelecto Hebreo

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La Muerte en el Judaísmo

2° Lustro Rev. Foro

La Muerte en el Judaísmo


Por: José Kaminer Tauber
Febrero 2012

Callan las cuerdas de los instrumentos...El telón ha bajado.

Olam Haze
En el judaísmo existió siempre la idea de muerte, de que el hombre no es inmortal «de la tierra vienes y a la tierra retornarás». Existen prácticas y costumbres que tienen que ver con la observancia del duelo. La práctica de guardar luto nos lleva a tiempos de los patriarcas al libro del Génesis (Breshit) XXIV) que nos relata cómo Abraham se levantó de su duelo al morir su esposa Sara y fue a ocuparse de conseguir un lugar donde enterrarla. Fue a ver a Efrón Tzohar Hajiti para que le vendiera una cueva (que es donde están enterrados los patriarcas y sus esposas, en la ciudad de Hebrón). Así, el primer patriarca del pueblo judío señaló a sus descendientes la forma de actuar.

Cuando los judíos se establecieron en la diáspora, una de sus primeras preocupaciones fue la organización de una institución comunitaria para preservar el modo y las costumbres judías y como parte de este organismo es la «Jevrá Kedushá», la que tiene como misión el asegurar un lugar digno para enterrar a los muertos. La característica de los enterramientos judíos proviene de la ley que establece la «tahará», purificación del cuerpo mediante el lavado. En la preparación del cuerpo, debe estar perfectamente limpio y ser tratado como la Torah, ya que el ritual dice que Dios nos prestó el cuerpo y hay que regresárselo como nos lo dio. Por ello, las mujeres no pueden llevar maquillaje.
Se le efectúan siete lavados y no hay que abrirlo ni lastimarlo jamás, pues la sangre no se puede derramar, por ser parte de la persona. El estómago es el único órgano al que se le hace un lavado, para sacar toda su suciedad.
"Cuando el cuerpo ya está limpio,  se le viste con siete prendas, un sudario. El siete es un número que en este ritual, tanto en las lavadas como en cada prenda, significa una vez por cada día de la creación de D--s".

Una vez efectuado el enterramiento, la familia vuelve a casa para guardar el duelo. La Torah relata el duelo de Jacob cuando cree que su amado hijo Yosef (José) fue despedazado, o el duelo de todo el pueblo cuando mueren Aarón el sacerdote y Moisés en el desierto, rumbo a la tierra prometida. El doliente se rasgaba las vestiduras, se sentaba en el suelo y ponía ceniza sobre su cabeza. También muchos no se calzaban en el período de la «Shiva» (los siete primeros días de duelo).

La plegaria especial de recordación a los fallecidos es el «Kadish», aceptación del doliente de los designios divinos que termina diciendo  "El que hace la paz en las alturas nos dará la paz a nosotros". Esta plegaria, escrita en arameo, es recitada por los familiares directos, que  significa la aceptación del veredicto divino de haber llevado a la muerte (morada eterna) al familiar, aceptando así lo que Job nos enseña: «Dios dio y Dios quitó, bendito sea su nombre».

Las cajas o ataúdes donde se entierran a los muertos son completamente austeras; están hechas solamente de madera, sin ningún tipo de adorno, pintura ni clavos. Se les quitan las astillas y valen alrededor de 400 pesos y se utilizan para todo tipo de gente, con o sin facilidades económicas"
A pesar del trance doloroso, para los judíos que sufren por la muerte de un ser querido, sentir la presencia del Dios omnipotente los reconforta. "El que hace la paz en las alturas nos dará la paz a nosotros".
Los judíos creen firmemente en la reencarnación, esto es, en que una esencia individual de la persona (alma, conciencia y energía) vive en un cuerpo durante su estancia en la tierra, varias veces.

Concepto del Olam HaBá
Este mundo (Olam HaZe) es un mundo de apariencias, muy real para nosotros que en él vivimos, pero no es la realidad última.
Como enseñaran los jajamim en el Talmud estamos en un pasillo, o en la antesala, rumbo al recinto principal del palacio, que podríamos denominar como Mundo Venidero, Más Allá, Olam HaBá.
En nuestra limitada percepción de las cosas no podemos describir exactamente esa dimensión extraña (para nuestros conceptos) qué es el Mundo Venidero, por lo cual, lo único que podríamos afirmar es que ese "lugar" existe, y que de algún modo, en algún momento, TODOS llegaremos.






El Olam HaBa permite una forma de vida superior (en calidad de "vida") que todo lo que podamos gozar en Éste, nuestros jajamim nos enseñan que: "más vale una hora de dicha en el Mundo Venidero que toda la vida en Este Mundo" (Abot 4:17).
Esa dicha es descrita por los sabios como adherirnos al Eterno, por lo cual, cualquier recompensa en este Mundo es despreciable en comparación con la recompensa de adherirnos al Eterno en el Olam Habá. Por lo tanto, en Este Mundo cualquier placer, lujo o satisfacción que el malvado posea; y cualquier dolor, escasez o desilusión que sufra el justo, son muy importantes, son cosas buenas y malas, respectivamente; que pueden aparecer como incomprensibles, verdaderas injusticias de parte de D--s pero, esos bienes y males momentáneos son pasajeros y efímeros. En tanto que la adherencia al Eterno es eterna.
Es posible ya decir que nuestra existencia esta compuesta de dos formas de vida. Una es la que nosotros conocemos con nuestros sentidos, con nuestro raciocinio, que es Esta Vida; pero existe una Vida que es diferente, inefable, que se hace en el Más Allá. (Al respecto está en el midrash de la parashá Jaiei Sará (Las vidas de Sará).
En el idioma hebreo así como para el pensamiento judío la palabra Nefesh, que es traducido como "alma", significa también persona. ¿Qué aprendemos de esto? Pues, que la persona en Esta Vida es cuerpo y alma sin distinguir una de otra, es la persona y sin divisiones. En tanto que al momento de morir para Esta Vida, lo que provino de la materia regresa a ella (cuerpo), mientras que lo que vino de D—s, a Él vuelve (espíritu). (Al respecto recordar la creación de Adam en el segundo perek de la Torah.)
Es una creencia firme también que en algún punto de la historia de Este Mundo los muertos resucitarán, que D--s’ devolverá a la vida material a aquellos que han fallecido.
¿Cómo lo hará? ¿Qué será? No podemos decirlo, es otro de los enigmas que permanece sumido en el secreto para la mentalidad humana.
En definitiva, el Olam HaBa es una dimensión indescriptible, que permite al alma humana integrarse a la Eternidad.
La  renuencia natural para aceptar la muerte se expresa en la convicción de que los verdaderamente justos realmente no mueren sino que "parten" o "suben" a un plano diferente. Así, Maimónides escribe de Moshe: "Con él ocurrió lo que en otra gente se llama muerte". Se dice que "los justos viven incluso en la muerte, mientras que los malvados ya están muertos mientras viven". Aquí tenemos nuevamente el paralelismo de que bondad es vida y vida es bondad, en tanto que maldad es muerte, y muerte es maldad.
El enfoque judío respecto de la muerte es que se trata de un problema que debe ser resuelto para los vivientes. La muerte, la preparación para la muerte, y el luto, están todos unidos en la vida cotidiana. La esencia del luto no es pesar por los difuntos, sino más bien compasión hacia los sobrevivientes parientes en su soledad.

La confrontación personal con la muerte, es la prueba más dura para un individuo y para una cultura, es por supuesto frecuentemente encontrada en la erudición judía. Las muchas variantes de este tema presentan un aspecto en común, el encuentro con la muerte es observado como un momento trascendental de la vida, con el que hay que encontrarse siendo meritorio. A diferencia de muchas otras culturas, el judaísmo no acepta que algún tipo particular de muerte sea gloriosa solo con una única excepción, incluso en los tiempos bíblicos, la muerte de un héroe no era observada como un logro glorioso; el ideal era que el hombre "duerma con sus padres" y que transmita la riqueza de su vida y fortaleza a aquellos que vienen tras él.
No obstante, el tipo excepcional de muerte que los judíos consideran como gloriosa,  que llamamos "santificación del Nombre de D--s". El  sacrificio soportado para la santificación del Nombre de D--s es el acto público realizado en medio de la santa comunidad, que la inmolación le imparte un sentido adicional de santidad a los vivos. Cuando es martirizado de esta manera, el judío abraza la muerte en aras de su dedicación al modo de vida judío.


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