Algunas pinceladas judías P I - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Algunas pinceladas judías P I

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Algunas pinceladas judías
(Primera de tres partes)

Por: José Kaminer Tauber

Los pintores judíos comenzaron a ser conocidos hasta la segunda mitad del Siglo XIX, cuando sus correligionarios pudieron al fin gozar del movimiento de Emancipación que se manifestó por esa época en Europa.  Anteriormente pocos judíos se habían consagrado a la pintura por el hecho de que su condición social no les permitía hacerlo libremente y que su religión prohibía la representación de las figuras humanas.
El Décimo Mandamiento, que representa uno de los principios básicos  del Judaísmo, decretó que no debían representarse los dioses con estatuas o las imágenes que se hallaran bajo los cielos, sobre la tierra o sobre el mar.  Este texto recuerda también a sus seguidores que no representarán la imagen de Dios de ninguna manera, ni crearán estatuas que representan los símbolos o imágenes de hombre o mujer y aun de animales vivos sobre la tierra.  (Deuteronomio 4:16 - 18). Este Mandamiento tuvo una influencia considerable sobre el curso de la historia del arte judío, restringiendo o inhibiendo su pleno desarrollo. Durante los siglos siguientes, las autoridades talmúdicas o rabínicas tuvieron tendencia a reforzar este decreto y condenaron la mayoría de las veces las representaciones de imágenes por idolátricas.
Por otra parte, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Israel  permitieron constatar que los judíos de los tiempos antiguos, no se abstenían de representar imágenes. En realidad, el Décimo Mandamiento fue interpretado de diversas maneras a pesar de la censura de los rabinos. Ha habido gran variedad de formas de representaciones visuales, que permiten ver hoy, que durante ciertos períodos las comunidades judías y sus artistas llegaron a vivir y trabajar eludiendo las prohibiciones.
Los ricos mosaicos encontrados en las sinagogas de la Galilea y los extraordinarios murales de la Sinagoga de Dora Europeos (Siria) que datan del siglo III, así como algunos escritos que están relacionados con lugares de culto, tienden a demostrar que el arte visual jugó un cierto rol en la vida de los judíos en diferentes épocas. Sin embargo, el arte judío sufrió luego un largo ciclo de decadencia antes del período de la Emancipación, a principios del Siglo XIX. De hecho, los pintores de comienzos del Siglo XIX ignoraron los principios religiosos prohibiendo la representación de imágenes y trabajaron fuera del marco religioso. No obstante, como se indica que las artes visuales, en particular el arte figurativo, se convirtió con la Emancipación en transmisor importante del judaísmo con la representación de los aspectos de la cultura y la historia judías, como se puede comprobar especialmente en las obras de Chagall o Kitaj.
Los partidarios de la Haskalá, que obraron en favor de la Emancipación, impulsaron a los artistas a hacer abstracción de los preceptos religiosos a riesgo de sufrir el anatema de los sectores ortodoxos. La corriente por la cual se inclinaron numerosos artistas llevó entonces al fenómeno del expresionismo judío, el cual impulsó un verdadero ímpetu de renovación a la representación de los símbolos, signos y ritos de la cultura judaica.
Gracias a la Haskalá y a la nueva mentalidad de estos artistas, el mundo del arte prestó una nueva dimensión a la mentalidad de esos artistas, luego de 1870, de los que emergieron pintores como: Jozef e Isaac Israëls, Edouard Moyse, Isidore Kaufmann, Mauricy Gottlieb, Simeon Solomon, Gustav Bauernfeind, Max Liebermann, Abel Pann, Lesser Ury, Yehuda Penn, Marc Chagall, Henry Hayden, El Lissitzky, Amedeo Modigliani, Julius Pascin, Chaïm Soutine, Moïse Kisling, Jankel Adler, Eugène Zak, Chana Orlov, Louis Marcoussis, Marcel Janco, Mané-Katz, Moshe Castel, Reuven Rubin, Nahum Gutman, Marcel Dyf, Pinchus Krémègne, Michel Kikoïne y tantos otros.
Hacia 1880 no hubo más de una treintena de buenos pintores judíos que trabajaban en Europa. Cincuenta años más tarde, su número se había decuplicado, pero la edad de oro sólo duró tres décadas entre 1910 y 1940, es decir, hasta el momento de la invasión de Europa por las tropas nazis. Con la llegada de la guerra, las persecuciones se generalizaron inmediatamente en los países ocupados, y el Holocausto causó la desaparición de numerosos artistas de talento.
Cuando terminó el conflicto, la idea de ver por fin nacer a una escuela judía de pintura se había desvanecido y eso a  pesar del éxito mundial obtenido por Chagall. Después de su muerte, en el único lugar donde tuvo lugar un surgimiento artístico equivalente al período anterior a la Shoa fue en Israel, donde numerosos pintores han tratado a menudo temas vinculados con las tradiciones del Judaísmo y  su folklore.
Siempre hay un comienzo en lo que concierne a toda escuela de pintura y para los pintores judíos, el verdadero comienzo tuvo lugar dentro del marco determinado por el academicismo. Durante la primera mitad del Siglo XIX se pintaron retratos y algunos paisajes, fueron muy escasos los temas elegidos relacionados con la vida en el seno de la comunidad.  
De hecho, las prohibiciones en la producción artística judía, concernían a la representación de imágenes, existía una fuerte inclinación, muy largamente practicada, hacia un arte judaico pleno de símbolos y signos, los pintores que se ocuparon de la vida judía no fueron numerosos. Además varios pintores no judíos, como Rembrandt, doscientos años más tarde, habían realizado los retratos de numerosos rabinos y pintado numerosas escenas del Antiguo Testamento
Así, Jozef Israëls se dedicó a pintar típicas escenas holandesas y muy raramente temas judíos, en tanto que Camille Pissarro, quién era judío, estuvo exclusivamente ligado al movimiento impresionista y no produjo obras inspiradas por sus orígenes.
Más tarde, Modigliani, un judío italiano, se instaló en París donde encontró su propio estilo que se hallaba completamente alejado de las tradiciones judías. Lo mismo puede decirse de Hayden, Kisling, Pascin y Soutine. De los maestros que se convirtieron en los fundadores de la Escuela de Paris y su relación con el judaísmo, no puede percibirse más que a través del modo de expresión y de la utilización de colores que los hizo inscribirse en un movimiento determinado. Había en ellos un verdadero sentimiento específicamente judío, que se transmitió en muchas obras, ya que estos pintores queriéndolo o no, permanecieron ligados en su mayor parte a sus raíces familiares y a los países de dónde venían.
Ellos fueron como expatriados a Paris, Berlin o Viena que se convirtieron en sus nuevos lugares de residencia, pero permanecieron unidos por sus afinidades y formaron una comunidad  unida con otros emigrados no judíos, como: Picasso, Juan Gris o Kandinsky. Sin embargo, para los franceses continuaron siendo extranjeros y solamente una minoría llegó a sentirse parte de su nueva patria. Sin embargo, el período caótico de la Segunda Guerra Mundial no tardó en recordarles sus orígenes y que ser judío y aún cristiano con un padre o un abuelo judío, constituía una terrible desventaja a través de toda la Europa ocupada.
Marc Chagall no fue diferente de esos artistas, aunque adoptó una aproximación diferente en su manera de trabajar. Muy conocido por sus raíces judías, pintó la escena que le recordaba su juventud en el Shtetl y durante toda su carrera, su inspiración estuvo largamente ligada a la Biblia. Contrariamente a Chagall, Moïse Kisling en Paris o Henryk Kuna en Polonia, con todo, y pese que ambos nacieron en familias judías, vivieron y trabajaron completamente fuera del contexto judaico.

Sería sin embargo inexacto pretender que los artistas judíos no comenzaron a manifestarse más que en el siglo XIX. De hecho a pesar del Décimo Mandamiento, decretando que estaba prohibido erigir estatuas y señalando que no podían postrarse ante ellas o adorarlas, los judíos que vivian en Tierra Santa hace dos mil años, se tomaron la libertad de erigir esculturas en sus calles o decorar ricamente las sinagogas, mientras que algunos de sus miembros encargaron manuscritos ilustrados para su propio uso personal. No existe de hecho un arte judío en un plano convencional, en relación a otras corrientes artísticas marcadas por las influencias griegas, romanas, góticas, francesas, alemanas, flamencas o italianas; y tampoco la producción de manuscritos iluminados de la Edad Media, fueron exclusivamente de artistas judíos.  

Continuará….




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