Amores de Ayer - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Amores de Ayer

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Amores de Ayer


Por: Miriam Berger

Recientemente se me encomendó la tarea de traducir setenta cartas de amor, setenta cartas de amor especiales.
Por principio, éstas fueron escritas en idish y el «amor en idish» es algo que nuestros jóvenes no conciben, tal vez porque nunca se los hicimos conocer, preocupados como estábamos por transmitirles idioma, costumbres y valores judaicos y universales.
Ahora pienso que debimos ofrecerles la oportunidad de conocer que también en idish hay y hubo romances y que un «te quiero», «no puedo olvidar», «pienso siempre en ti» o «dame un beso» se decían y dicen como en tantos otros idiomas también en idish y forman parte de muchas obras literarias.

Pero volvamos a las cartas, a esas cartas que me envolvieron en su trama y me hicieron penetrar en un mundo diferente. Datan todas del año de 1929 y fueron escritas por un joven que se había establecido en Uruapan, a una señori que conoció en una visita a la ciudad de México.
Fueron escritas durante un lapso de seis meses y simplemente ésto nos habla de la intensidad de la relación. No olvidemos que fueron setenta las misivas, todas ellas llenas de una frescura y un candor único.
Simplemente tener en mis manos las amarillentas hojas que en su escri tanto y tan hermoso transmiten, producía en mi una emoción muy especial, un reto y una reverencia por quien las escribió -no más entre los vivos- y un sentirme privilegiada por la tarea que se me dio.
Cada párrafo de cada carta habla de sentimientos, de valores y quebran para venir a conformar en su conjunto una pequeña -gran novela- que nos relata la vida, quehaceres y carácter, no sólo de una pareja, sino de los que les rodean y de una época, la época en que inmigrantes judíos llegaban a México tratando de encontrar su sitio en esta gran nación, moldeando al mismo tiempo sus propias vidas.
Repetitivas a veces, sorprendentes otras pero encantadoras siempre, es cartas nos revelan la fuerza y debilidades de sus protagonistas, envolviendo a quien las lee hasta un momento antes de que el romance cristalice en boda, después de un corto periodo en que la relación parecía peligrar.
A sesenta y ocho años de haberse escrito, los personajes cobran de nue vida y animación y nos cuentan de sus amores, pero también de la vida en México, las fiestas patrias en Uruapan, con la presencia en ellas como huésped de honor, de don Abelardo Rodríguez, candidato a la presidencia de la Repúbli y aspectos de la vida de los inmigrantes judíos recién llegados, rentando un cuarto en casa de aquellos acomodados, apoyándose uno en el otro.
Quisiera hablar ahora un poco de esos nietos, como la que me trajo las cartas para traducir y que aún valoran ese legado no material que abuelos y padres han dejado. A diferencia de muchos, atesoran libros, notas y escritos, y a través de ellos conocen mejor a quienes les antecedieron, su procedencia, sus raíces y aunado su presente con su pasado, logran forjar un futuro.

Así pues, mi agradecimiento para la joven que al traerme las cartas
me hizo partícipe de su tan hermoso legado.




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