Apuntes sobre el Judaísmo en Portugal PII - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Apuntes sobre el Judaísmo en Portugal PII

Colección y Consulta

Apuntes sobre el Judaísmo en Portugal
y los Cripto-Judíos portugueses en el siglo XX


(Segunda parte)


Por: José Brito (I. Canarias)

PERIODO INQUISITORIAL
Aproximadamente en 1,516, el rey Manuel, sospechando que los "cristianos nuevos" no eran del todo fieles a su nueva religión -que, por otra parte, se les había impuesto por la fuerza- propuso al papa León X instaurar un Tribunal de la Inquisición -de acuerdo al modelo español- en Portugal, al objeto de controlar las actividades religiosas de este grupo.
El papa León X demoró la contestación y en ese intervalo el rey Manuel murió.
Le sucedió en el trono Juan III, quien también estaba sumamente "sensibilizado" con el problema que representaban para el conjunto de la población portuguesa los "cristaos novos". Tal era su celo religioso que contrató los servicios de un "malsín" -delator- .
El elegido para llevar a cabo tan "honroso" trabajo fue un apóstata llamado Henrique Nuñez que, aunque nacido en Portugal, había sido bautizado en España, más exactamente en la región de Castilla. Henrique Nuñez consiguió introducirse en el círculo de judaizantes, léase cripto-judíos o marranos, y elaboró un informe acerca de sus prácticas judaicas, seguido de un apéndice donde delataba, con nombre y apellidos, a los miembros que componían dicho grupo, entre los cuales se encontraba su hermano menor, a quien, obviamente, también delató. Cuando los marranos le descubrieron, enviaron a dos hombres para que lo asesinaran, los cuales, vestidos con el hábito de la orden franciscana, lograron su propósito pero, desgraciadamente, fueron descubiertos y bajo tortura confesaron no solamente su acción sino el nombre de quien o quienes les habían encargado tal misión. Como ya es clásico en estos casos, Henrique Nuñez fue declarado mártir por la iglesia católica.
También, la propuesta para establecer un Tribunal de Santo Oficio en tierras portuguesas contó con el respaldo popular. En 1,531, escudándose en importantes terremotos que asolaron la ciudad de Lisboa y tierras cercanas, los frailes de Samtarén comenzaron prédicas, con el inequívoco objeto de soliviantar a la plebe, indicando que lo ocurrido era un castigo divino en respuesta a los pecados cometidos por la nación portuguesa y expresamente por la excesiva tolerancia que se tenía con los "estrangeiros na nossa fe", en clara alusión a los "cristaos novos".
Incapaz de seguir resistiendo las presiones de que era objeto por parte no solamente del pueblo y del clero sino también gubernamentales, el papa Clemente VII autorizó la implantación de la Inquisición en Portugal ese mismo año de 1,531, nombrando como primer inquisidor general a Diogo da Silva, quien era, a la vez, confesor del rey Juan III.
Sin embargo, esta primera autorización papal fue revocada en el mes de abril de 1,533. En mayo de 1,536, una nueva bula pontificia fue expedida para que el Tribunal pudiera actuar en el país y así lo hizo por espacio de tres años. El primer "auto de fe" de la Inquisición portuguesa tuvo lugar en Lisboa el 20 de septiembre de 1,540. En el año 1,544 el Tribunal fue nuevamente suspendido.
Hasta el 16 de julio de 1,547, y siempre por influencia del emperador Carlos V, no se consiguió de la autoridad papal que expidiera autorización irrevocable para la implantación de un Tribunal Inquisitorial en Portugal.
A modo de reflexión , cabe preguntarse cuan grande no sería el poder económico de los hebreos portugueses que, con excepción de los periodos de establecimiento inquisitorial antes expresados, pudieron ser capaces de mantener en Roma agentes que contrarrestaran la decisión, tanto real como popular -sin olvidarnos del clero-, de introducir la Inquisición en el país. Las sumas pagadas por estos agentes, en concepto de sobornos, a los prelados y funcionarios papales fueron, sin duda, cuantiosas.
Mucho se ha escrito y hablado acerca de la Inquisición española y su secuela imborrable de atrocidades y desafueros cometidos desde el mismo momento de su implantación, sin embargo, aunque ambos tribunales, el español y el portugués, eran independientes, poco diferían en la forma de actuar y en arrogancia frente a los desdichados que tenían la desgracia de caer bajo su jurisdicción.
La época más intensa en lo que respecta a actividad del Santo Oficio portugués coincide con el acceso, en 1,850, de Felipe II –rey de España- al trono de Portugal. En un breve espacio de tiempo, la suerte que corrían los "cristianos nuevos" -ya no se podía hablar propiamente de judíos- era igual en España que en Portugal.
La única forma de escapar a todo este horror era marchándose de la Península Ibérica. Muchos conversos así lo hicieron con suerte desigual, es decir, algunos conseguían escapar y otros se quedaban a medio camino. Para aquellos que se les sorprendía en el momento de la fuga, el Santo Oficio tenía un "tratamiento especial". Es de suponer que este "especial tratamiento" no sería nada agradable cuando muchos de los candidatos a la huida, al sentirse descubiertos, optaban por el suicidio.
Los puntos de destino de aquellos que tenían éxito en su huida fueron, a partir de finales del siglo XVI, la ciudad de Amsterdam, y antes de esa fecha, y también después, la llamada "Jerusalem de los Balcanes", es decir, la ciudad de Salonika.







Pero demos un salto en el tiempo y situémonos en el siglo XVIII. Durante la primera mitad de ese siglo, la represión desatada contra el judaísmo en Portugal tuvo características de extrema violencia. Juan V, monarca del momento, era un apasionado de los "autos de fe" y durante su reinado no pasó un solo año sin que se produjera un "espectáculo" de este tipo. En los "autos de fe" celebrados en 1,750, 1,751 y 1,752, varios judaizantes fueron condenados a la hoguera -en el argot inquisitorial "relajados"-, y se penitenció a muchísimos más. En su inmensa mayoría, estos acusados eran de procedencia conversa.
El flujo de refugiados que escapaban de Portugal continuó casi hasta el final del período inquisitorial. El último "auto de fe" celebrado en ese país fue en 1,791, treinta años antes de que el Tribunal del Santo Oficio fuera abolido por las Cortes Generales portuguesas.
En realidad, la iniciativa para suprimir tan odioso instrumento de represión se debe -no podía ser de otra forma-, a un liberal y racionalista convencido, me estoy refiriendo a Sebastiao José de Carvalho e Mello, Marqués de Pombal.
Antes de ser ministro del rey José Y, el Marqués de Pombal había pasado los años de su juventud como embajador de su país en Londres y Viena donde se había dado cuenta de los grandes prejuicios que suscitaba entre los naturales de esos países, el enorme lastre social que representaba para cualquier estado, medianamente moderno, el mantener instituciones de la talla del Santo Oficio.
Tan pronto se estrenó en su cargo de primer ministro, intentó suprimir la Inquisición, en 1,768, la despojó de sus atribuciones censoras, y en 1,771, le prohibió llevar a cabo "autos de fe" en público. En poco tiempo, sometió el Tribunal al poder civil y restauró los derechos civiles de los "cristianos nuevos".
La actividad política del Marqués de Pombal acabó a la muerte del Rey José Y. Aunque se le calificó de déspota ilustrado, es innegable que la nación portuguesa entró, en el tiempo que duró su mandato, en una etapa de grandes mejoras tanto políticas como económicas.
El 18 de febrero de 1,821, las Cortes Generales portuguesas abolieron "de una vez y para siempre" -según aparece reflejado en el Diario das Cortes Geraes de Naçao Portugueza- la Inquisición. En la sesión del día anterior, fueron restablecidos, confirmados y puestos en práctica todos los derechos, libertades y privilegios otorgados a los judíos por los antiguos reyes de Portugal, de modo que todos los judíos "que residen en cualquier lugar del mundo" podían venir a establecerse en el país y en sus colonias, para vivir allí y practicar libremente su religión.
Sin embargo, y a pesar de lo dicho en el párrafo anterior, desde comienzos del siglo XIX ya se empieza a notar la presencia de judíos, identificados como tales, dentro del territorio portugués. Los primeros en regresar fueron los judíos de nacionalidad británica de remota ascendencia portuguesa. Posteriormente, llegarían otros procedentes de Gibraltar, Marruecos, especialmente de las ciudades de Tetuán y Tánger, y también de Orán (en Argelia).
Como dato curioso, comentar que alrededor de 1,800, la todavía incipiente colonia hebrea retornada, enterraba sus muertos en un rincón del cementerio británico de Lisboa, cedido para tal fin por la colonia inglesa radicada en la capital portuguesa.
Hasta 1.833 no tuvieron los nuevos hebreos establecidos en Portugal cementerio propio. Abraham de José Pariente alquiló por esa fecha un trozo de terreno, por un precio anual de 4,000 reis, para "uso particular y de sus descendientes y parientes", pero que, en realidad, se convirtió en lugar de enterramiento comunitario.
A esta primera Comunidad establecida en territorio portugués continental, le siguió una segunda que eligió como lugar de asentamiento las islas Azores y también la isla de Madeira. En todas ellas, con el transcurrir del tiempo, se abrieron cementerios y se fundaron congregaciones, con los habituales servicios de bienestar social y educación.
El reconocimiento oficial de la nueva comunidad judía radicada en Portugal no fue posible hasta 1,892. En esta fecha y a través de un decreto publicado en el Diario Oficial del País, se autorizaba a dicha comunidad: "Para mantener servicios religiosos de acuerdo a su credo; para atender un cementerio particular donde enterrar a sus muertos; para establecer fondos dedicados a la atención de menesterosos, y a tener un registro propio de nacimientos, matrimonios y defunciones."
No fue, sin embargo, hasta después del advenimiento del régimen republicano, tras la revolución de 1,910, que el gobierno portugués aprobó los estatutos de la comunidad judía que le fueron presentados en 1,912. En estos, aparte de ratificar todo lo concedido en 1,892, también se autorizaba la creación de una "Hevrá Kadishá" y de un matadero particular donde sacrificar reses de acuerdo a la "sehitá".

Continuará…



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