Apuntes sobre el Judaísmo en Portugal PIII - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Apuntes sobre el Judaísmo en Portugal PIII

Colección y Consulta

Apuntes sobre el Judaísmo en Portugal
y los Cripto-Judíos portugueses en el siglo XX
(Tercera y última parte)


Por: José Brito, (I. Canarias)

NÚCLEOS CRIPTO-JUDAICOS
En un momento determinado de este artículo, se ha indicado que la única solución posible para escapar a tan tremendo maremagnum inquisitorial era la huida, en realidad, también hubo otra: el ocultarse.
Muchos "cristaos novos", léase cripto-judíos, optaron por trasladarse a remotas zonas rurales donde, por su intrincada orografía, era muy difícil toparse con el rigor inquisitorial. De esta forma y en pleno siglo XX, se conservaron en la región portuguesa de la Serra d’Estrela -Sierra de la Estrella-, asentamientos cripto-judíos que, de una forma un tanto desordenada, practicaban la religión de sus ancestros.
Aunque no fue el primero en hablar, ya entrado el siglo XX, acerca de los cripto-judíos portugueses, sin duda alguna fue Samuel Schwarz quien llamó la atención sobre este colectivo en el plano internacional.
Samuel Schwarz fue un ingeniero de minas judeo-polaco, que por motivos de su profesión tuvo que trasladarse hasta Portugal, más exactamente a la localidad de Belmonte, muy cerca de la frontera con España. Belmonte se había caracterizado por ser el principal asentamiento cripto-judío de las zona. Obviamente, el Sr. Schwarz ignoraba toda esta historia.
Su primer contacto con estas gentes fue totalmente casual. Un buen día, el ingeniero Schwarz entró en una tienda con el ánimo de aprovisionarse, momento que aprovechó el dueño del establecimiento para advertirle que no se le ocurriese comprar nada en el comercio de cierto competidor y rival porque era "judeu". Naturalmente, el judío polaco sintió la "saludable" curiosidad de querer conocer a su presunto homólogo portugués. Al salir de la tienda de su "confidente", raudo se dirigió a la del "proscrito". Allí conoció a Baltasar Pereira de Souza, quien, al principio, negó cualquier relación o vínculo con el judaísmo. Posteriormente, al identificarse Samuel Schwarz también como judío, la aprensión del tendero fue cediendo y terminó mostrándose encantado con lo que Samuel le contaba sobre las ideas sionistas y la posibilidad de crear un estado judío independiente.
En días sucesivos, el "judeu" Baltasar introdujo al Sr. Schwarz dentro del círculo más íntimo de sus familiares y amigos diciéndoles que el extranjero era "dos nossos" -de los nuestros-.
El conocimiento que tuvo Samuel Schwarz del contingente cripto-judío hallado en Belmonte, no se limitó a la familia y amigos de Baltasar Pereira de Souza, en realidad, había tropezado con un enclave de comunidades marranas que se extendían por las provincias septentrionales de Portugal, contando, en total, con casi ocho mil miembros y que eran descendientes directos de los convertidos que huyeron y se ocultaron de la Inquisición a finales del siglo XVII.
Las prácticas religiosas de este grupo, debido al aislamiento en el que habían vivido, se convirtieron en una parodia excéntrica del judaísmo clásico. El hebreo les era prácticamente desconocido y las dos únicas palabras que distinguían en ese idioma eran Adonai y Shabbat.
Su judaísmo estaba completamente deformado. Aunque respetaban el ayuno del Kippur, estos cripto-judíos, en su ignorancia, también ayunaban en Purim, tradicional fiesta de alegría y regocijo.
También, como ya ocurriera en los siglos XVI y XVII con los "cristaos novos", estos grupos cripto-judíos no practicaban la "milá".
La observancia de la "Kashrut" tampoco era respetada en su totalidad. Solamente se abstenían de comer carne de cerdo los sábados y las festividades mayores; sin embargo, no comían pescados sin escamas. El rito de degollación ritual de animales sólo se veía reflejado en una sencilla oración que recitaban en el momento del sacrificio. En la misma forma, se abstenían de ingerir sangre.
Pero, quizás, una de las características esenciales de estos extraños personajes fuera el hecho de que su judaísmo se había convertido en una religión de mujeres. Debido al secretismo y al aislamiento en que se desarrollaba, el culto judío perdió su talante esencialmente masculino para convertirse en una religión de "sacerdotisas" donde la mujer, tal como ocurrió en el periodo inquisitorial, pasó a desempeñar un papel fundamental al ser la transmisora oral y directa de la tradición.
De hecho, a Samuel Schwarz, que al principio y pese a ser introducido en el grupo de marranos por Baltasar Pereira de Souza, fue recibido con la natural y lógica reserva, quienes le "franquearon el paso" para acceder a la comunidad cripto-judía de Belmonte y aldeas limítrofes de forma plena fueron, sin duda alguna, las mujeres, especialmente las ancianas, que al ver como el ingeniero polaco recitaba la "Shemá" declararon que, efectivamente, el extranjero era de los suyos, puesto que conocía el nombre de Adonai, el cual al oírlo las mujeres se taparon los ojos en señal de profundo respeto.
Todos estos hechos anteriormente narrados ocurrían en 1,917. Sin embargo, el ingeniero Schwarz no los plasmó en un libro hasta 1,925. Dicho libro, al que puso por título "Os cristaos-novos em Portugal no século XX", lo publicó en la ciudad de Lisboa, contiene un estudio detallado de todas las cosas que vio y experimentó personalmente, incluido tres apéndices: el primero de gráficos; en el segundo da cuenta de las oraciones propias de este grupo, y en el tercero explica, de forma extractada, el proceso seguido por el Santo Oficio de Lisboa contra un tal Britos Henriques, fechado en 1,674.
Lo que sí hizo Samuel Schwarz, apenas conoció y fue introducido en la pequeña comunidad cripto-judía de Belmonte, fue anunciar su descubrimiento a las diferentes organizaciones judías de Europa. El alborozo fue generalizado y varios rabinos del Occidente europeo se trasladaron a Portugal para conocer "in situ" el fenómeno.
Mientras tanto, la todavía poco numerosa comunidad judía establecida en Lisboa, se vio totalmente desbordada y ofuscada por todo este asunto. Como no se sentían suficientemente preparados para hacer frente a lo que se les venía encima, pidieron consejo y ayuda económica a los líderes judíos de Inglaterra. En respuesta a su petición de auxilio, Wilfred Samuel, prominente activista anglojudío, fundó una comisión de investigación que, a su vez, envió a territorio portugués a Lucien Wolf, ya conocido en medios judíos por ser el primer historiador contemporáneo que se había hecho eco de la presencia de judíos en las Islas Canarias, si bien su libro "Jews in the Canary Islands" no es, precisamente, un modelo a seguir en lo que se refiere a rigurosidad histórica.
Pero sigamos con el relato; una vez en Portugal, Wolf estableció amplios contactos con los cripto-judíos de la zona de Belmonte y quedó completamente convencido de su identidad judaica. Al regresar a Londres, fundó y organizó un comité promarranos.
The Portuguese Marrano Committee, o lo que es lo mismo, el Comité de los Marranos Portugueses, con Lucien Wolf a la cabeza, publicó un periódico en lenguas portuguesa que ofrecía información acerca de la vida moderna y las prácticas religiosas de los judíos. También tradujo al portugués los libros de oraciones festivas y sabáticas. Pero la labor más importante llevada a cabo por dicho comité fue el financiar los viajes de rabinos ingleses y norteamericanos para celebrar oficios religiosos que sirvieran de ejemplo a los marranos de estas localidades. En 1,928, alquiló en la ciudad de Bragança un local destinado al culto religioso.
El casi imperceptible renacimiento de los judíos portugueses ha estado siempre marcado por la incomprensión y el peligro. En 1,926, tras décadas de incertidumbre y revuelo político, un gabinete militar de marcado acento derechista se hizo con el poder en Portugal, seis años más tarde, el Dr. Antonio de Oliveira Salazar, catedrático de Economía en la universidad de Coimbra, se convirtió en dictador y primer ministro de una administración esencialmente corrupta y represora. Sin embargo, a pesar del clima nacionalista y antisemita que caracterizó la política no solamente portuguesa sino mundial en esas fechas, la minúscula comunidad judeo-lusa pudo seguir a delante con sus asuntos con relativa seguridad. Aunque es un hecho que el gobierno de Antonio Salazar apoyó al general Franco durante la guerra civil española, no lo es menos que Portugal nunca se alineó con el Eje y que incluso en plena Segunda Guerra Mundial, el gobierno portugués salvó de una muerte cierta a miles de fugitivos judíos que huían del terror nazi al admitirlos, sobre una base de tránsito temporal, en el país. Aun así, ni los recién llegados, mayoritariamente askenazim, ni los autóctonos del país, de inequívoca ascendencia sefaradí, lograron generar una vida comunal medianamente vigorosa. La razón era bien sencilla; eran demasiado pocos y estaban muy diseminados.
La ciudad de Oporto, segunda ciudad portuguesa en importancia y donde ya desde la Edad Media se había aposentado una importante judería, fue el lugar elegido por el Comité de los Marranos Portugueses para comenzar el esfuerzo revitalizador de las comunidades cripto-judías portuguesas.
En 1,928, dicho Comité decidió erigir allí su nueva sinagoga contado con el apoyo económico del famoso financiero iraquí Elie Kadoorie. El templo se terminó cinco años después y a su consagración asistieron representantes de las principales comunidades judías de todo el mundo junto con unos cien marranos, aproximadamente.
Este primer despertar de los cripto-judíos portugueses está indisolublemente unido al nombre de la persona que lo hizo posible y que, sin duda alguna, más trabajó para que estos salieran a la luz pública como auténticos judíos, me estoy refiriendo a Artur-Carlos de Barros Basto, cuya figura y obra, por ser un tema esencialmente complejo, glosaremos en otra ocasión. Baste decir, por el momento, que el caso en el que se vio involucrado este singular personaje se le conoce como el "Dreyfuss portugués".
La esperanza de este primer renacimiento cripto-judío en Portugal duró apenas diez años. Hacia 1,943, la mayoría de los judíos "redescubiertos" desaparecían de nuevo en el anonimato. El proceso seguido contra Barros Bastos y la secuela de actitudes y comentarios antisemitas que se generaron en la opinión pública portuguesa a causa del mismo, les dieron el "golpe de gracia". Nuevamente pensaron, y no sin razón, que donde mejor estaban era en Belmonte, practicando su religión y sus ritos como siempre lo habían hecho, con sigilo y en la intimidad de sus casas, y alejados de todo y de todos.
La labor llevada a cabo por Barros Basto y por el Comité de los Marranos Portugueses se reveló, con el transcurrir del tiempo, como una bomba de efecto retardado. Tuvieron que pasar aproximadamente veinte años para que, nuevamente, los cripto-judíos de Belmonte salieran a la palestra.
Esta vez fue un askenazim quien actuó de catalizador. Isser Steinhardt, había nacido en Lisboa de padres judeo-polacos, con el tiempo se trasladó a Israel donde se ganaba la vida trabajando en una fábrica y en sus ratos libres como corresponsal independiente de varios periódicos portugueses. En 1,963, encontrándose de visita en Portugal, conoció en la sinagoga de Lisboa, durante la festividad de Yom Kippur, a dos marranos de Belmonte. De inmediato, Steinhardt se interesó por ellos y acabaron confesándole que, efectivamente, en su lugar de residencia, sabían de al menos trescientas personas, entre parientes y amigos, que mantenían una casi secreta identidad y lealtad judaica.
Steinhardt pidió acompañarles de regreso. Al principio, ellos dudaban, pero ante su insistencia, accedieron a que les acompañara. A su llegada a Belmonte, Steinhardt fue calurosamente recibido por la pequeña comunidad de marranos.
Según se fue adentrando en el conocimiento del grupo y de sus prácticas, se le hizo evidente que la labor de Barros Basto y del Comité de los Marranos Portugueses no había sido en vano.
El conocimiento que tenían del judaísmo se había, en cierta manera, perfeccionado. Ahora las familias celebraban el Shabbat y demás festividades judías de acuerdo al ritual genéricamente aceptado por el judaísmo oficial.
Aunque la religión católica seguía estando aún presente en sus ritos, sólo la mantenían de cara al exterior, dándole mayor importancia a la observancia, en la intimidad de sus casas, del culto mosaico.
Un ejemplo palpable de lo anterior lo encontramos en los casos de muerte y matrimonio de algún miembro de este grupo. En el primer caso, era un sacerdote católico el que celebraba los últimos ritos. Sin embargo, la familia del difunto observaba rigurosamente la "shivá". En caso de matrimonio, era la iglesia el lugar indicado para celebrar, de forma pública, el acontecimiento; más tarde, en la intimidad del hogar, se celebraba "Kidushín" de acuerdo al ritual requerido.
La relación de Steinhardt con los marranos de Belmonte duró años. De vez en cuando les mandaba, desde Israel, libros y objetos religiosos.
En 1,983, dos miembros de la Knesset israelí, uno de ellos el rabino Menahen HaCohen, se trasladaron hasta Portugal con el propósito de entablar, de una vez por todas, duraderos lazos de amistad con los marranos de Belmonte.
Los contactos y conversaciones mantenidas no fueron fáciles para ninguna de las partes en conflicto. En realidad, la agresividad mostrada por estos dos representantes del estado hebreo no les llegaba a convencer del todo.
De nuevo, fue Steinhardt quien acudió en ayuda de los parlamentarios israelíes. Tras arduas conversaciones, se pudo llegar a un principio de acuerdo con los cripto-judíos de la zona.
Contando con el apoyo del gran rabino sefaradí de Israel, que se comprometió a no poner ningún tipo de objeción legal -léase halájica- a la entrada de los marranos de Belmonte en la comunidad judía, siempre que se trasladaran a vivir a Israel y a seguir un curso intensivo de formación judaica, dieciocho miembros de este colectivo aceptaron la invitación formulada por la Agencia Judía para visitar Israel.
Sin comprometerse a emigrar de forma permanente al estado hebreo, los cripto-judíos también acordaron mantenerse en contacto con los israelíes, así como a recibir libros sobre temática judía y a participar en futuros viajes. Desde entonces y hasta hoy, los contactos se han mantenido y la identificación de los marranos portugueses con el judaísmo oficial podríamos calificarla de total.
Recientemente, y en el marco de unos encuentros programados por la Comunidad Judeo-Portuguesa, contando con el apoyo y la presencia del gobierno portugués, y celebrados bajo el título genérico de "memoria e reencontró. 500 anos depois ", se ha reavivado y reafirmado el compromiso de todos los portugueses, judíos o no, de convivir en paz y tolerancia, respetando la identidad del "otro", aunque su modo de pensar -o de rezar- sea diferente.
No podía ser de otra madera si tenemos en cuenta que en ningún otro lugar por donde los judíos han pasado o se han asentado, la mezcla de sangre con individuos autóctonos, no judíos, ha sido más palpable que en Portugal. Por lazos de sangre también está unido al pueblo hebreo el actual Presidente de la República, Sr. Jorge Sampaio, que era nieto de Sara Bensliman Bensaude, hija, a su vez, de Arón Bensaude, quien al contraer matrimonio con el General Fernando Branco, se convirtió al catolicismo. De esta unión nació una hija, de nombre Fernanda, que es, asimismo, la madre del actual presidente de la República portuguesa.
Los actos se celebraron en aquellos centro poblacionales donde la presencia judía es y ha sido a lo largo de la historia más importante, me estoy refiriendo a las ciudades de Lisboa, Oporto y, de forma especial, a Belmonte.
En todos ellos se contó con la presencia de altos representantes del gobierno portugués, del estado de Israel y de las comunidades foráneas de Amsterdam y Río de Janeiro, muy ligadas a los avatares de los marranos portugueses en siglos pasados.
Especialmente emotivo, por su significación histórica y por todo lo que ha representado para el cripto-judaísmo portugués del siglo XX, fue la inauguración de la sinagoga de Belmonte, de nombre "Bet Eliahu" -Casa de Elías- .
Tanto en los actos celebrados en Belmonte como en Oporto, los dirigentes de ambas comunidades pidieron a los representantes del gobierno portugués, la rehabilitación militar del Capitán Barros Basto.
Finalmente, en un solemne acto celebrado en la Asamblea de la República, y en presencia de todas las instituciones del Estado, se aprobó, de forma unánime y por aclamación, la deliberación 32/VII, que condena de forma explícita el edicto promulgado por el rey Don Manuel, en el que se disponía la expulsión de los judíos de Portugal.


BIBLIOGRAFÍA.
"Os cristaos novos em Portugal no século XX". Samuel Schwarz.
"Los judíos de la España Moderna y Contemporánea". Julio Caro Baroja.
"Farewell España". Howard M. Sachar.
"Los judíos de España". H. Mechoulán y otros.
Revista "Raíces" (número 29. Invierno 96-97).


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