El ayer y el hoy nunca podrán unirse - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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El ayer y el hoy nunca podrán unirse

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El ayer y el hoy nunca podrán unirse


Por: David Amato

He sido afortunado al haber podido vivir un buen número de mis actuales 85 años en los tiempos pasados y haber podido saborear las alegrías y gozos de una existencia más simple y sencilla.
Debido a que los medios de comunicación eran más simples en ese entonces, las presentes inquietudes de las calamidades de hoy las incertidumbres del mañana no eran ansiedades serias y causas de preocupación. Tales ansiedades se están convirtiendo ahora en el veneno de la vida humana.
No puede negarse que el mundo ofrece ahora una mayor variedad de oportunidades y satisfacciones para gozar la vida, las cuales no estaban disponibles en el pasado. Pero éstas se están convirtiendo en distorsiones al tratar de lograr un modo de vida más fácil, alrededor del cual existe la familia. La familia, como unidad básica de la sociedad, se enfrenta ahora a una competencia de parejas solteras que viven juntas.
La calidad moral y de rectitud que caracteriza a la familia está empezando a deshacerse y, con ella, el propósito de fortalecer la unidad familiar.
La familia disciplinada establece una estrecha relación con la comunidad. En el pasado la familia representaba una formidable fuente de apoyo respaldando y protegiendo las buenas costumbres y hábitos esenciales para la sobrevivencia y bienestar de la comunidad, de la cual la familia formaba parte.
La familia disciplinada y la comunidad mantenían una muy estrecha relación, especialmente en asuntos relativos a la moral, sin tener necesidad de hacer uso de legiones de abogados que interpretaran lo que es moralmente correcto o incorrecto.
La definición e interpretación de lo moral fueron siempre prioridades de la familia y de la comunidad. Debido al prominente sitio que ahora ocupan los abogados y los tribunales en la sociedad, la familia y la comunidad gradualmente están ejerciendo cada vez una menor influencia sobre cuestiones de moral.
Siempre he amado la vida y aún lo sigo haciendo. Pero admito que prefiero la vida sencilla, donde raramente es escuchada una palabra desalentadora y ofensiva y el cielo no está nublado todo el día.

Las remembranzas del pasado son ahora fuentes de dulzura y alegrías para mí.

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