El chupacabras o buscando al enemigo - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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El chupacabras o buscando al enemigo

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El chupacabras o buscando al enemigo


Por: Bill Landau

No se necesita ser un erudito en psicoanálisis freudiano, ni ser un experto en análisis grupal para poder discernir las fantasías, sentimientos, deseos relacionados con guerra y sacrificio así como la búsqueda de un enemigo común en las actuales circunstancias del país.
Ya han pasado casi dos años desde la muerte de Colosio, el "error de diciembre" y la subsecuente hecatombe económica y social, y hasta la fecha no se ha identificado un claro enemigo común para el pueblo mexicano. Los Aburto, los Salinas, los Figueroa y hasta el Comandante Marcos, no han podido representar a la maldad encarnada en cada uno de ellos. Esto debido a la manipulación de los medios masivos de comunicación y la represión generalizada.
Sin embargo la población sigue manifestando ansiedad generalizada, agresión libre y flotante en el ambiente condensándose, un enemigo un día y otro al subsecuente. El gobierno ha manifestado que sólo han existido "casos aislados" de violencia en la capital, en Guerrero, en Tabasco etc. La población por el miedo, la impotencia y el enojo se encuentra en una posición de "libertad para odiar", tal como sucede en Europa después de la caída de la Unión Soviética, donde se han encontrado a enemigos comunes en los extranjeros, los gitanos y ese eterno chivo expiatorio, el judío.
Es típico que sentimientos de desintegración (anomia) aparezcan cuando el grupo nacional se encuentra bajo estrés, y México no es la excepción. No se puede negar que el estado de ánimo de la mayoría de los mexicanos, a pesar de las predicciones gubernamentales, es de un colapso social y económico. Los artículos en la prensa hablan de una continua disparidad entre ricos y pobres, la violencia callejera y doméstica, así como de una fantasía grupal de un país en proceso de ingobernabilidad.
Se ha sugerido por algunos psicohistoriadores que cuando los grupos sufren un colapso emocional donde las defensas intrapsíquicas se desintegran bajo la presión, los sentimientos reprimidos de maldad anidados en el inconsciente colectivo, salen a la superficie y son representados simbólicamente como "venenos". Esto es lo que los grupos primitivos sienten cuando dicen que están "contaminados"; cuando la literatura psicológica habla de "padres tóxicos" o cuando Hitler trataba de extirparse de su organismo el odio llamando a los judíos "envenenadores de la sangre".
Los sentimientos de envenenamiento son generalmente proyectados a otros individuos o cosas, cuando el odio y la impotencia ya no se pueden reprimir. El aumento del odio comunal se puede observar en las desastrosas relaciones interpersonales dentro de las familias o el constante aumento de los crímenes violentos en la ciudad de México. Para escapar a estos sentimientos, la población ha venido consumiendo con mayor frecuencia los tranquilizantes y somníferos, que no son más que depresores químicos. Las farmacias tienden a esconder estos productos, ya sea por órdenes gubernamentales o por falta de abastecimiento. La cocaína que era la droga preferida durante los 80's, es actualmente substituida por los antidepresivos tipo Prozac, Effexor y Rohypnol para dormir. Todos ellos en última instancia, deprimen el sistema nervioso al tiempo que apaciguan la gran ansiedad preponderante.
Otro de los fenómenos colectivos son las regresiones en el ámbito de la fantasía, el llamado "pensamiento mágico", donde en México aparece el fenómeno del "chupacabras". Un ser extraterrestre, azote de animales, hombres y comunidades enteras. Muy parecido a los vampiros transilvánicos y específicamente "envenenador" de animales y hombres. El "chupacabras" chupa, envenena y contamina, representando para las fantasías regresivas de la población sus sentimientos exteriorizados hacia un objeto. Siendo en realidad los propios deseos destructivos del público colocados en "el afuera".
Esta regresión colectiva, ayuda también a explicar la súbita infatuación de la población con los "ángeles de la guarda" vendidos por centenas en las joyerías. Así como al mundo occidental se le dificulta la caída del comunismo como un clásico enemigo conocido, al pueblo mexicano se le está siendo difícil integrar psicológicamente la desintegración de la fantasía primermundista al que se dejó llevar en el sexenio pasado. Al no poder enfrentar y enjuiciar directamente a Carlos Salinas como al enemigo directo y reconocido, se vuelca hacia un enemigo mítico el "chupacabras" y un redentor fantástico como el "ángel de la guarda".
En la búsqueda de un enemigo común y a raíz de la desaparición del enfrentamiento este-oeste, han resurgido los nacionalismos primitivos, así como el racismo en casi todo el mundo occidental. Desde los ataques a extranjeros en Europa, hasta la victimización de los indocumentados en los Estados Unidos. El antisemitismo ha resurgido en países aún sin población judía, como Polonia y Rumania. En Estados Unidos, el judío se ha convertido en el "chupacabras" cuando estaba en la escuela secundaria ya conducía un automóvil último modelo y si algo no me hacía falta, era dinero en el bolsillo.
Acudía yo a la escuela junto con otros muchachos en condiciones similares a las mías y que estaban acostumbrados como yo, a lo mejor, a poseer prácticamente todo lo que deseáramos, sólo con pedirlo, sin esfuerzo, sin sacrificio, sólo con pedirlo.
Una de mis mayores preocupaciones era la competencia; competía con amigos para ver quienes éramos los más pudientes, quienes vestíamos las ropas más caras y más a la moda, quienes poseíamos casas de campo más lujosas, quienes disponíamos de más "chavas" con las cuales no practicábamos precisamente natación o ballet.
Me vi convertido en un ser materializado; me soñé sin valores reales de ninguna especie, me vi insensible, indiferente, déspota, agresivo, violento, cínico, majadero; me sentí merecedor de todo sin el menor esfuerzo.
Mi competencia iba más allá de mi ámbito cultural y religioso; competía con jóvenes de origen español, francés, norteamericano, autóctonos; muchachos que al igual que yo, disponían de todas las facilidades. Sin valores reales de ninguna especia; insensibles, indiferentes, déspotas, agresivos, violentos, cínicos, majaderos; merecedores de todo sin el menor esfuerzo.
La diferencia se establecía en que yo no sabía persignarme y ellos lo hacían sistemáticamente, lo que les proporcionaba una enorme ventaja pues, al menos, no los tachaban de "asesinos de Cristo, amos del mundo, avaros, degenerados, monopolistas, esclavistas, sionistas y racistas".
¡¡Uf!!, le dije a Eduardo, bendito sea el Cielo que se trató solamente de un sueño; y le pedí que pensara en esto y que sacara la moraleja adecuada a ello. Dimos por terminada la conversación y él, ya tranquilizado y sonriente, se fue a dormir dejándome a mi, intranquilo y serio, con un verdadero "paquete" de sentimientos encontrados y de cuestionamientos que, al carecer de respuestas, me originan una gran angustia.
Ignoro prácticamente todo acerca de la historia del pueblo judío; reconozco ser completamente lego, pero a través de situaciones actuales, he podido constatar que parte de nuestra grandeza como pueblo, se debe a nuestra generosidad y compasión con nuestros semejantes, independientemente de su extracción social, cultural y religiosa. He obtenido, personalmente, vivencias que me han permitido testificar esa benevolencia, ese espíritu caritativo, ese desinterés por lo material. ¿Quieren ejemplos?; ojalá pudiese yo detallar con precisión todos y cada uno de ellos y sólo mencionaría lo que las diferentes comunidades judías hacen por el país en el que vivimos todos, lo que me trae como consecuencia, otra gran inquietud:
Somos, indudablemente, una minoría étnica especial, muy, muy especial. No existe ninguna otra etnia con nuestras características. No me refiero a aquellas que podrían interpretarse como clasistas o elitistas, sino a aquellas que realmente nos han distinguido de todos los demás habitantes de este mundo y que, desafortunadamente, desde siempre han girado alrededor del menosprecio o franco desprecio, agresión verbal y física, discriminación en todas sus facetas, persecución, masacre, vasallaje y toda una serie de vejaciones que, si bien es cierto otros grupos las han sufrido, también lo es que ninguno de ellos, ni los negros, ni las etnias indígenas y ni aún los chinos emigrados y esclavizados, las han padecido en la frecuencia, constancia y magnitud, como el pueblo judío, prácticamente en toda su historia y magnificada a raíz del advenimiento y consolidación de la "cultura" cristiana.
Luego entonces, ¿por qué no incluir dentro de la batalla en contra del antisemitismo, las características de la generosidad de nuestro pueblo? ¿Por qué no luchar en favor del convencimiento de todos los miembros de nuestras comunidades, de que deberíamos distinguirnos por nuestra humildad, nuestra capacidad del trabajo, nuestra inteligencia, en vez de distinguirnos por nuestra ostentosidad, nuestra apatía, nuestra superficialidad?
¿Por qué no gritar a los cuatro vientos todos los beneficios que otras comunidades obtienen de las nuestras? ¿Por qué callar nuestro desagrado y nuestra desaprobación cuando alguien perteneciente a nuestras comunidades se beneficia del agio, del bandidaje o del fraude? ¿Por qué esa tendencia al silencio, al "chit, chit, no digas nada, no hables nada, no pienses nada"? ¿Por qué no defender abiertamente nuestras posiciones y hacerle ver al mundo quienes realmente somos y como pensamos, por nosotros mismos, como ciudadanos libres y no como réplicas de los aconteceres de otras latitudes, léase Israel?
¿Por qué nuestros "intelectuales" en vez de estar defendiendo e interpretando conductas de seres abominables y destructivos, no utilizan sus capacidades y sus energías en nuestros jóvenes para inculcarles los valores reales de honestidad, respeto, amor al prójimo y adoración a la tierra que nos da el sustento diario?
Somos, indudablemente, una minoría étnica especial, muy, muy especial y por esta razón, cualquier acción que efectuemos, cualquier actitud que asumamos, cualquier situación anormal que vivamos, por mínima que sea, va a repercutir, negativamente, en el ámbito general en que nos desenvolvemos y si no se cree así, basta con echarle un vistazo a cualquier periódico, aún los más moderados, cuando se refieren a algún pecado cometido por un judío, así sea un accidente automovilístico en el que si hay lesionados o muertos, automáticamente se le tacha con toda una serie de adjetivos calificativos malévolos, destacando siempre su posición económica privilegiada.
El antisemitismo, al otro lado del mostrador que está viviendo mi hijo y que seguramente lo van a vivir todos aquellos que, tarde o temprano tengan que salir de sus "cajitas de cristal" para enfrentarse al mundo real, debería de servirnos para pensar con todo detenimiento y proyectar nuestra estrategia para combatir con hechos reales, la distorsionada imagen que, en general o injustificadamente, se tiene de nosotros.







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