El Jazán, eslabón entre el pasado y el presente *s - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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El Jazán, eslabón entre el pasado y el presente *s

Colección y Consulta

Fragmentos de
Avinu Malkenu
Dos versiones:
Coral(Oriental) e individual(Europea)

El Jazán, eslabón entre el pasado y el presente


Por: Sulamita Konigsberg

Para comprender la importancia del Jazán, es necesario hacer un poco de historia. No cabe duda que el pueblo hebreo profesa un gran amor a la música (arte universal) y que tanto en su creación como en su interpretación, siempre le ha dado un lugar prominente.
El pueblo hebreo nunca olvidó su tradición musical: en tiempos difíciles recurrió a la música como consuelo y esperanza; en la paz, como expresión de júbilo y armonía y en tiempos de meditación, como reflejo de la fe en D-os, ya que entre los hebreos la música fue esencialmente religiosa y profundamente emotiva a diferencia de otras culturas circundantes que usaron la música desde otro aspecto, por ejemplo: los egipcios tenían fórmulas musicales contra la picadura de las serpientes, los malos espíritus, etc. y la música estaba dedicada primordialmente al culto de los muertos.
En la Jerusalem del primer milenio, la música en el Templo desempeñaba un gran papel por su esplendor y dinamismo, ya que intervenían en la liturgia grandes conjuntos orquestales y corales. Mientras que la música instrumental desapareció completamente con el tiempo, el canto litúrgico conservó su carácter especial a través de los dos milenios de diáspora judía.
La tradición musical persistió en Arabia del sur, donde los yemenitas vivieron segregados, en Babilonia, en Siria, entre los sefaradíes, etc. La música se fue transmitiendo igual que el legado ético y religioso. Cuando Tito, en el año 70 de nuestra era destruyó el Segundo Templo, el pueblo hebreo perdió así su propia condición de Estado, la música fue prohibida en señal de duelo, principalmente.
Sin embargo, la música mantuvo su anterior papel en el servicio religioso -aunque ninguna melodía bíblica original ha llegado hasta nosotros- como un reflejo de su antigua gloria. Los siglos durante los cuales el patrimonio espiritual del pueblo fue recogido, anotado y comentado por los tanaistas y amoraim que redactaron la Mishna y el Talmud, vieron también el desarrollo de la sinagoga, cuyo oficio fue modelado conforme a la práctica del antiguo Templo y aunque no tenían la magnificencia del Templo y el servicio musical casi perdió su razón de ser, esto no mermó en absoluto la importancia de la música.
El canto en la casa de oración siguió su curso y aunque en el Israel antiguo la oración fue privilegio exclusivo de los levitas y parece ser que a nadie revelaron sus secretos, las formas de canto fueron preservadas; entre tanto, los griegos las cultivaron y los romanos las recogieron para el uso de la Iglesia.
Es difícil establecer la edad exacta de los cantos, pero se cree que éstos fueron agregados a los Textos entre la terminación del Talmud -500 años aproximadamente- y la época de los primeros gaoním (S. VIII). Estas formas de canto fueron decisivas en el desenvolvimiento de la música occidental, ya que los primeros chantres (cantores) cristianos se habían formado en las casas de oración judías.
En esta época pueden advertirse nuevas tendencias en la música, debido a que el concepto de "belleza terrenal" de los griegos, influenció al pueblo hebreo y éste, a su vez, atrajo a los griegos con su concepto espiritual. De manera que pronto se empezó a seleccionar entre los hebreos a chantres dotados especialmente de una voz delicada.
Rabí Yehudá ben Ilai (B.Taanit fol. 16-A) nos da en el S. I la descripción del chantre ideal: debe ser un hombre ilustrado, humilde y de aspecto grato, versado en las escrituras, informado de las leyes y que sepa todas las oraciones de memoria. Debe ser pobre y necesitado pues entonces su plegaria brotará de su corazón.
Posteriormente se le suministraron al chantre dos asistentes llamados tomjin o mesayim (ayudantes), con objeto de recordarle sus oraciones y tonadas ya que la escritura de las plegarias no fue permitida hasta el S. VII. Los asistentes siguen actuando en el servicio de la sinagoga hasta el día de hoy.
En las décadas siguientes a la conclusión del Talmud, los judíos sufrieron de fanatismo y opresión debido a lo cual fue imposible encontrar chantres honorarios; fue menester instituir el cargo de Sheliaj Tzibur (enviado de la comunidad) profesional. Llamósele luego Jazán, que anteriormente designaba a un funcionario laico, "un inspector" (cuya etimología parece ser que es la relacionada con la palabra jazó = ver). Después se le llamó simplemente "bedel"; siempre presente en el oficio de la sinagoga, adquirió práctica y conocimientos profesionales.
El servicio se dividía por lo general entre dos chantres (Jazanim) uno sentado con la congregación y el otro de pie ante el púlpito, con el rostro en dirección a Jerusalem.
El primer chantre solía recitar el Shema Israel (Oye Israel) y las bendiciones; el otro proseguía con la plegaria propiamente dicha. Como el segundo recitaba las partes más complicadas del servicio religioso las reservadas a las fiestas, su cargo era considerado superior al del primero.
El embellecimiento del canto sinagogal se debe a los esfuerzos de estos jazanim, por lo que mencionaremos algunos de ellos que surgieron a través de la diáspora y recibieron determinadas influencias en las distintas épocas y lugares en los que permanecieron.
Los textos especialmente escritos a los floreos de la Aleluya (palabra que se usaba en el servicio religioso del antiguo Templo y cuya sílaba Ya, había sido adornada con floreos de los cantores judíos) representan la primera poesía sacra original de occidente. Cabe hacer notar la preferencia de la música vocal entre los hebreos, en contraposición con la inclinación instrumental de los griegos.
La música vocal tradicional fue considerada por los hebreos, de primera importancia; de ahí, el lugar que ocupan los cantores en los siglos de dispersión. Tiempo después, cuando el Islam logró mantener su dominio e influencia en España, los judíos florecieron durante siete siglos en sus centros comerciales y culturales.

El espíritu mundano de la filosofía árabe, se reflejó en un predominio cada vez mayor en el pensamiento judío. Se pensó que las leyes del Talmud (última creación espiritual de los judíos en el oriente antiguo) eran producto de un frío razonamiento y surgió de ahí la creación de la poesía sinagogal (piyut) debida a varios factores: la popularidad de los himnos de iglesia en todo el mundo occidental, la poesía secular de los árabes y el deseo de los cantores de hallar vehículos para su arte.
Los jazanim judíos, basaron sus himnos sobre elaboraciones libres de textos bíblicos. En el siglo V, Romanos un judío converso, poeta y cantor, escribió para la iglesia griega himnos modelados sobre patrones orientales y fue considerado como el compositor más grande de su época (se le atribuyeron cerca de 1,000 poemas basados en su mayor parte sobre textos bíblicos).
Maimónides permitió el uso de la poesía religiosa en el servicio, con ciertas condiciones. Yehuda Hadasi argumentó que un jazán dotado de una bella voz, podía purificar y ennoblecer las mentes.
Al analizar la evolución en el cargo de cantor, podemos apreciar los cambios en la música hebrea producidos por el contacto con el mundo islámico; el chantre, no sólo había llegado a ser un consumado maestro en su oficio, sino que sus funciones no eran ya puramente litúrgicas. El Jazán de la edad media era poeta, cantor y compositor. Con el correr de los siglos se le asignó también la tarea de entretener a la comunidad en el Shabat, cuando no se permite ninguna labor.
Por el cultivo de tantas funciones, el Jazán figura junto al cantor árabe, el trovador francés y el minnisinger alemán de épocas posteriores, todos ellos nacidos de un solo manantial: el Oriente, Árabe, Griego y Judío. Aunque hay pruebas de que los jazanim judíos basaban sus canciones sobre melodías adoptadas de medios foráneos, parece ser que los "paitanim", componían también melodías propias que han llegado hasta nuestros días. Ejemplos famosos son: "Ata Eloheim", "Eli Kamoja" y las "Selijot" (oraciones de penitencia) creadas por los paitanim (S.VI).
Surgieron entonces los "Zemirot" (cánticos del sábado) las canciones para el Seder, las de Janucá, Purim y otras. Entre los últimos poetas cantores de este siglo figuran: Alkabez (Leja Dodi), Isaac Luria y Najara, que fue el último Jazán y compositor en sucesión directa de los paitanim. Todos ellos crearon cantos lírico-religiosos para uso de la oración, introduciendo belleza y ritmo a un oficio que había terminado por carecer de fuerza creadora.
A partir de la expulsión de los árabes y judíos de España (1492) se cerró un magnífico capítulo de la civilización judía. Los sefaradíes que lograron escapar, se establecieron en diferentes centros europeos y llevaron su canto con ellos, destacando en Italia durante el Renacimiento.
Pero antes, durante el Medioevo y a pesar de las restricciones impuestas a los judíos, destacó un minisinger judío (1300 fecha en la que aparece su retrato en la Biblioteca de Heidelberg, Alemania) de nombre "Susskind", llamado el judío de Trimberg, quien compuso poemas cuyos versos derivan de la Biblia y el Talmud.
En la Europa medieval, los judíos no pudieron sustraerse a la influencia del canto popular que escuchaban a cada momento en las calles. Muchas de estas canciones de origen provenzal y alemán se infiltraron en la sinagoga. Esta influencia fue tan sólo un aspecto de la música, en el campo ashkenazí.
La canción popular alemana penetró en el hogar judío y después en la sinagoga. La preocupación del Jazán de entonces, eran los floreos brillantes y exhibicionistas en las oraciones, que subieron de punto con el auge de la Ópera italiana (S. XVII) dañando con ello el canto tradicional. El canto fue adoptado por todas las comunidades ashkenazíes de casi toda Europa. Sin embargo el encuentro de todas las juderías occidentales con las orientales, propició, en el arte del Jazán, la influencia de los hábitos orientales, ya que éstos habían conservado el estilo modal y la recitación libre en un grado mucho mayor que los chantres ashkenazíes, desde los tiempos de los paitanim. Los rabinos y jazanim del este, resucitaron una gran cantidad de poemas e himnos de la "edad de oro", de la poesía y canción hebrea.
En la segunda mitad del S. XVI, destacaron numerosos músicos judíos, en las cortes italianas (Mantua y Venecia). Uno de los más importantes fue Salomone Rossi que añadía siempre "Ebreo" a su nombre y que modernizó el canto sinagogal. En el campo de la sinagoga, fue el primer compositor que aventuró reformas completas en el estilo de la música litúrgica tradicional. Sus cantos sinagogales son verdaderas gemas. Parte de los rabinos de entonces se opusieron a estas reformas, ya que se apartaban del canto tradicional de sinagoga y compusieron un nuevo tipo de música para los Salmos y las Plegarias. La conquista austríaca puso fin a esta floreciente cultura judía de la parte norte de Italia.




Gran parte del canto coral de las sinagogas actuales recuerda los Oratorios de Mendelshonn y la Ópera romántica y el Jazán, recae frecuentemente en la virtuosidad operística italiana, pero hay que hacer notar, que nunca se llegó a una asimilación total y no se aspiró a ella salvo en raras ocasiones; el canto especialmente "foráneo" oriental de la música hebrea de sinagoga, es patente lo mismo para el músico hebreo que para el profano y ha sido notado tanto por judíos como no judíos, en todos los tiempos.
El canto ashkenazí conserva libertad melódica considerablemente oriental y el del este europeo creó un tipo especial de coloratura en el que se combina un brillante virtuosismo con un sentimiento exaltado; el espíritu de improvisación, no se abandonó nunca en la música judía.
Fuentes del S. XVII mencionan jazanim cuyo canto tuvo sobre la mente y el corazón de los oyentes, una influencia más profunda que la prédica de los rabinos. En 1648 un Jazán, Hirsh de Ziviotov, cantó la plegaria "El Malé Rajamim" (en memoria de los muertos) en forma tan emocionante que logró inducir a los tártaros a salvar de manos de los enfurecidos cosacos a tres mil judíos.
Uno de los primeros chantres cuyas melodías llegaron a nosotros, fue Salomón Kashtan (S. XVII) Jazán en Dubno. De él surgió toda una escuela de jazanim, del Este. Otros más, famosos, fueron Shlusinger, Baruj Kaliner, etc. El canto del Jazán constituyó la raíz de toda la primera música artística judía. Sin embargo, los rabinos eruditos y los guardadores de la tradición sinagogal no pudieron oponerse completamente al proceso de emancipación que dio origen al movimiento de Reforma, ya que algunos burgueses judíos prominentes y cultos, habían perdido en gran parte, su vínculo espiritual con el antiguo judaísmo y trataban de establecer un culto aceptable para la sociedad moderna; de tal manera que las plegarias fueron traducidas al alemán y el canto se transformó en una simple declamación.
El movimiento de Reforma se inició formalmente con David Friedländer. En 1810 se construyó el primer Templo reformista. Las reformas desencadenaron tormentosos debates en todo el mundo judío de Europa y transcurrió un lapso considerable para que tuvieran aceptación. Sólo aquellos que lograron fusionar el estilo clásico-romántico con los valores judíos tradicionales, lograron convencer a los fieles judíos y tener éxito. Tales fueron: Salomón Sulzer en Viena, Samuel Naumbourg en París y Luis Lewandowsky en Berlín. Con frecuencia, músicos no judíos, adaptaron sus tonadas religiosas; un ejemplo famoso lo constituye el "Kol Nidre" de Max Bruch, para Violoncelo.
Salomón Sulzer (1804-1890) fue un famoso chantre. Cuando Franz Liszt lo escuchó, quedó tan sacudido por la emoción, que comentó ...mi alma está conmovida y entregada por completo a la meditación.
Sulzer no descartó las melodías tradicionales, pero las seleccionó y adaptó. Samuel Naumbourg (1815-1880) creó en París, un estilo sinagogal con influencia operística. A sus dos libros de oficios sinagogales contribuyeron Halévy y Meyerbeer.
Luis Lewandowsky (1821) poseía una completa instrucción musical y aprendió todos los aspectos de jazanut. Se distingue por su bello lirismo melódico. Sus arreglos conquistaron muy pronto las sinagogas y se convirtió en ídolo y jefe de toda una generación de jazanim y compositores. Nadie como él supo combinar lo tradicional con lo moderno. Su música tuvo una atracción universal, aceptada por todos los jazanim y sus Corales se cantaron también en comunidades cristianas y aunque los jazanim del S. XIX han preferido el estilo oriental -Joseph Rosenbalt, Zavel Kvartin, etc.- su música ha dado las bases para el estilo coral sinagogal. La música de estos tres chantres y compositores se canta hasta en las sinagogas de Palestina.
Los compositores del S. XIX trataron de que la liturgia se beneficiara con la moderna armonía y el contrapunto. Otros se esforzaron por darle su carácter oriental y subrayaron el exotismo del servicio. Su obra está íntimamente relacionada con el renacimiento contemporáneo de la música, al "estilo hebraico" de los compositores de nuestro tiempo: Ernest Bloch, Darius Milhaud, Shoenberg y en Palestina Mordecai Starominsky. Todos ellos han enriquecido la música litúrgica con obras originales, que en el mundo de la Biblia, hallaron inspiración para sus obras independientes.
Tanto los jazanim del Oeste, con su excelente base universal, como los del Este, con su tono sentimental y habilidad para la improvisación, han perpetuado, con sus voces, el eslabón que mantiene viva el alma del pueblo de Israel.




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