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El panorama judío de los EEUU ...

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El panorama judío  de los EEUU
antes y durante la Segunda Guerra Mundial

Por: José Kaminer  Oct/2011


La responsabilidad del encumbramiento del régimen nazi y la indiferencia  ante el proyecto político de un derrotero claro, del  destino  que se reservaba para los judíos y otras víctimas elegidas para su eliminación, involucró a numerosos protagonistas de su tiempo. Entre ellos puede incluirse a los dirigentes  de los países que determinaron la política en esos tiempos,  tales como Estados Unidos, la Unión Soviética, Gran Bretaña y Francia por el escenario que se fue creando hasta finalizar con la Segunda Guerra Mundial.

Para lograr algunas de las contestaciones a las preguntas que nos cuestionamos, del panorama judío en los Estados Unidos, es necesario recurrir al pasado de este país, a su historia, del antisemitismo existente allí (especialmente en las décadas   de los treinta y los cuarenta). Es indudable que existió un  apoyo por parte de los dirigentes  políticos y de grupos de elit norteamericanos hacia el nazismo, en tanto que en otros casos, las simpatías hacia el régimen nazi fueron más   solapadas.

A través del estudio de los procederes de la sociedad estadounidense  ante el creciente avance del nazismo hacia el poder, de las posiciones de sus personalidades más influyentes y de la prensa norteamericana, tal vez podamos llegar a comprender  como permanecieron firmemente inactivos frente a los peligros y los actos  cometidos por los nazis contra diversas minorías, en especial hacia los judíos. Quizás así podamos llegar a comprender esa complaciente aprobación, que ha sido una  de las formas de complicidad hacia el ascenso de Hitler al poder.

La situación económica provocada por la depresión, había creado una enérgica hostilidad en la sociedad norteamericana, esto determinó  la indiferencia del gobierno hacia los refugiados y lo que explica, que muy pocos judíos pudieron  entrar a los Estados Unidos escapando al destino que les esperaba en Europa. El gobierno  se mantuvo alejado ante los problemas del judaísmo europeo; cuando todo comenzó evitó presentar cualquier tipo de reclamo formal ante el gobierno alemán. Muchos funcionarios del Departamento de Estado, consideraban que las historias  que se  contaban eran una mera exageración, producto de los "horrorosos relatos que se contaban durante la Gran Guerra". Uno de los motivos que se usaba para justificar esta indiferencia, era que si se reconocía la brutalidad del nazismo, debía  realizarse  una política de aceptación de refugiados. Un gran sector de la población consideraba a los judíos y otros inmigrantes, como una amenaza para su propia subsistencia, ante el problema de la escasez de trabajo y empleo, convicción  que era  compartida por los congresistas.

El antisemitismo y el aislacionismo, eran sentimientos en la sociedad que mostraban una gran resistencia a participar en una guerra a la cual consideraban ajena. Uno de los personajes políticamente influyentes dentro de la opinión pública, fue   Joe Kennedy, embajador norteamericano en Gran Bretaña. En esa función demostró con toda claridad su apoyo a Hitler y su régimen. Durante una reunión de 1938 en la embajada alemana en Londres, Kennedy le aseguró al embajador alemán   que América deseaba fuertemente mantener relaciones amistosas con Hitler. También le dijo, de embajador a embajador, que un informe reciente que circulaba, diciendo que había restricciones alimentarias para la población alemana debido a que   la comida era reservada para el mantenimiento del ejército, seguramente era una mentira.


En el año de 1933, los Estados Unidos experimentaron "una  explosión de fervor antisemita". Los judíos fueron culpados por la crisis económica mundial y fueron acusados de ejercer una influencia indebida en la administración de Roosevelt.  Había discriminación en el empleo para los judíos,  lo mismo que "números clausus" en colegios y universidades.

Cuando Estados Unidos entraron a combatir en la Segunda Guerra, los graduados de las universidades como Yale, Columbia y otras, entraban directamente como oficiales; los judíos con las mismas condiciones eran rechazados en cuerpos de oficiales de la   marina, así como en la Inteligencia de la Fuerza Aérea. Donde los gentiles entraban sin problemas, los judíos eran rechazados. A uno de los protagonistas de este problema le informaron con toda franqueza que la fuerza aérea no quería judíos.   Una de las razones del rechazo hacia los judíos para unirse a los marines, estaba relacionada con la respuesta a la pregunta de porque se alistaban voluntariamente. La respuesta equivocada era "para combatir al nazismo", la correcta era "para luchar   contra los japoneses." Era también muy visible la discriminación y racismo hacia los negros dentro de las fuerzas armadas. El sentimiento de ser también víctimas de la discriminación, impulsó a muchos judíos a unirse a la lucha por   la defensa de los derechos civiles de los negros.

Durante la Segunda Guerra Mundial lucharon 550.000 judíos aproximadamente, entre hombres y mujeres. El equivalente a 37 divisiones. Algunos de estos soldados se enfrentaron al antisemitismo, o se encontraban con gente que nunca había visto un judío.

Antisemitismo made in USA
El problema según algunos antisemitas, era que los judíos -como paganos- no podían comprender la moralidad cristiana. Consideraban que los hombres de negocios judíos de Hollywood, habían corrompido el arte por su excesivamambición     y que al hacerlo habían contribuido a extender la corrupción moral por toda Norte América. Eran, en las palabras de Henry Ford, "un ejemplo perfecto del problema cada vez mayor de América, la creciente influencia desde comienzos de siglo    ‘del judío internacional’.






El judío internacional es un libro publicado en cuatro volúmenes, traducido a seis idiomas, entre ellos el alemán. El libro tuvo una gran aceptación y fue ampliamente distribuido entre los nazis de Alemania,  y en especial por Adolf Hitler,   quien lo utilizó como una de sus fuentes para escribir "Mi Lucha", donde cita textualmente partes del mismo, además del magnate Henry Ford, único norte americano citado por Hitler en su obra. Ford y Hitler se admiraron  mutuamente, y se unieron   financiera, operativa e ideológicamente, para llevar adelante varias actividades en conjunto. El libro fue denunciado por la Liga Anti Difamación de los Estados Unidos. Ford fue condecorado por el Estado nazi en 1938, recibiendo  la Gran Cruz del   Águila Alemana, la mayor condecoración que pudiera recibir un extranjero.

Otro notorio antisemita fue Walt Disney, que asistió
en compañía del abogado de su empresa, Gunther Lessing, a mítines del German American Bund, organización pro-nazi estadounidense. Walt Disney asistía casi siempre  a las   reuniones, junto con muchas otras personalidades prominentes de Hollywood, grandes admiradoras del nazismo, de sus ideas y proyectos. Esos encuentros tenían lugar en los hogares de varios actores y músicos famosos, quienes trabajaban activamente    para el partido nazi americano. Durante ese tiempo Disney ayudó a organizar a los cineastas independientes, contra los judíos de la industria del cine.

También se sabe que Disney fue uno de los pocos empresarios cinematográficos que recibieron abiertamente a la cineasta alemana Leni Riefenstahl  en su visita a Hollywood en 1938, cuando la mayor parte de la industria le cerró sus puertas.

La prensa
La prensa también manifestó desapego e indiferencia ante la matanza que tenía lugar en Europa. Uno de los diarios más importantes de Estados Unidos, el New York Times, cuyos dueños eran de origen judío, los Ochs y Sulzberger,  mantuvo   una valiente actitud, en plena época de aislacionismo antisemita, con una campaña preparando a la opinión pública para su entrada en la Guerra. Sin embargo cuando hubo que tomar abierto partido por la defensa de la vida de los judíos   europeos,  declinó la obligación moral que tenía de informar sobre el trágico destino y el exterminio a que fueron sometidos.

Cuando  se debió dar la noticia en la primera plana, de una muy autorizada versión sobre la nota de que cuatrocientos mil judíos húngaros estaban siendo deportados para su eliminación y que serían asesinados en las próximas semanas,    fue relegada a la página doce, donde solo le dieron cuatro columnas. Cuando contó sobre el Levantamiento del Ghetto de Varsovia, nunca se habló que los resistentes eran judíos, siempre se refirieron a ellos como polacos y patriotas de Varsovia,    nunca como judíos. Si bien habían eliminado el correo de lectores, para no tener que censurar la numerosa correspondencia antisemita que llegaba al diario, es evidente que no hicieron nada de lo que moralmente debían haber hecho por el problema    de identidad de sus propietarios, que se consideraban a sí mismos como ciudadanos norteamericanos de fe judía.

El New York Times no fue el único en adoptar esa actitud, pero su responsabilidad frente al tema era mayor, siendo el diario más respetado en el país, con una gran capacidad informativa, especialmente sobre temas de política exterior debido    en gran parte por la cantidad de periodistas y medios que tenía para informar. Hay quienes prefieren creer que si hubiera utilizado su primera plana para contar las atrocidades del nazismo, los norteamericanos hubieran reaccionado antes.

También el resto de los medios de prensa, aquellos que no eran considerados antisemitas, diarios tales como el New York Herald Tribune, el Washington Post, y Los Ángeles Times se rehusaron a publicar las noticias sobre el genocidio judío en Europa,    porque simplemente no las creían; algunos esgrimieron la excusa de que en ese momento estaban convencidos de que esos informes eran exagerados y sobredimensionados para aumentar la recaudación de fondos para los refugiados.

Para la primavera de 1944, los Aliados sabían de los gaseamientos en los campos de exterminio. Los líderes judíos suplicaron sin éxito al gobierno estadounidense, que bombardeara las cámaras de gas y vías de tren que llegaban a los campos.    Desde el 20 de agosto al 13 de septiembre de 1944, la fuerza aérea de los Estados Unidos bombardeó el complejo industrial de Auschwitz-Monowitz, menos de cinco millas de las cámaras de gas en Birkenau. No obstante los Estados Unidos mantuvieron    su política de no-participación en rescate, y no bombardearon ni las cámaras de gas, ni las vías de tren usadas para transportar prisioneros.

En enero de 1944, Roosvelt estableció la Junta para los Refugiados  de Guerra por parte del departamento del Tesoro, para facilitar el rescate de los perseguidos en peligro. Fort Ontario en Nueva York, empezó a servir ostensiblemente como un puerto   libre para los refugiados. Pero los que llegaron allí no eran de  las áreas ocupadas por los nazis, provenían de las zonas liberadas y gran parte de ellos, fueron un aporte notable a la ciencia y a la cultura estadounidense, no eran inmigrantes   comunes.

Históricamente  se considera muy reciente todo lo acontecido. La existencia del nazismo es sin duda una responsabilidad histórica, que incumbe a numerosos protagonistas que aún permanecen en las sombras sin asumir en toda su magnitud su   responsabilidad, ante las  millones de muertes metódicamente planeadas a nivel industrial que produjo esa terrible guerra.





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