Feminismo y sus orígenes P I - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Feminismo y sus orígenes P I

2° Lustro Rev. Foro

Feminismo y sus orígenes
(Primera Parte)


Por: Dafna Opalín

Cuando se habla de feminismo y machismo, la mayoría de las personan tienen imágenes radicales sobre estos temas, pero la realidad es que "la lucha por la liberación femenina"
se ha convertido hoy día en una "lucha de derechos igualitarios".


El feminismo moderno no busca demostrar la supremacía de las mujeres por encima de los hombres, simplemente exige iguales derechos para ambos sexos, ya que sin esta igualdad ambas partes pierden mucho. Por ejemplo, si yo como mujer no tengo el derecho de desarrollarme como profesionista y trabajar por un salario, mi compañero masculino pierde a su vez un apoyo importante dentro de la economía del hogar, lo cual significa más horas de trabajo para él y mucha menos comunicación y contacto con su familia.
Para poder comprender el feminismo y los beneficios de una igualdad de derechos, debemos conocer la historia no sólo de estos temas, sino estudiar una crónica humana sin actitudes androcéntricas (1), cronocéntricas (2) o etnocéntricas (3). Es bien sabido que la historia depende de quien la cuente y de su punto de vista; en muy pocas ocasiones encontraremos relatos históricos en idioma neutral, como por ejemplo, para los judíos y la mayor parte de la población del mundo es real que el Holocausto existió, pero para los neo-nazis militantes, es tan sólo "un cuento de ficción para desprestigiarlos y canonizar a los judíos" Por lo tanto, para encontrar la imparcialidad en el estudio de la ciencia hay que apelar a diferentes hipótesis y puntos de vista, cuidando siempre en no caer en absurdismos como el del ejemplo anterior.
Es cierto que el feminismo es una doctrina y que adoptó su forma hace muy poco tiempo, lo que no es real es que siempre hemos vivido en una sociedad patriarcal, tal y como se ha demostrado en los estudios realizados por científicos anglosajones sobre las culturas del paleolítico; estos descubrimientos muestran que estas sociedades dependían de las coacciones económicas y una forma de vida basada en la caza y la recolección; vivían en armonía con la naturaleza y su ideal era la estabilidad, ya que aun cuando contaban con armas mortales y eficaces, los restos encontrados en las tumbas de estos cazadores no muestran vestigios de guerra.
La división del trabajo entre los sexos en la era paleolítica (el hombre cazando y la mujer dedicada a la recolección y a la caza esporádica), está basada sobre la cooperación y no en la explotación de los sexos (4), ya que esta es la única forma de lograr la sobrevivencia de la comunidad. También se ha llegado a la conclusión de que las mujeres eran muy apreciadas pues las únicas estatuillas encontradas han sido figuras femeninas de piedra o de marfil con atributos sexuales fuertemente marcados (5).
Cerca de 10 mil años a.C, con los trastornos climáticos, se produjo la primera revolución neolítica por lo que, a las actividades de caza se yuxtaponen, como base principal de la alimentación, la recolección de cereales y la agricultura de azada u horticultura. E. Boulding y muchos otros autores, piensan que esta agricultura fue una invención de las mujeres, quienes notaron la germinación y el ciclo de la reproducción de los cereales. También se les atribuyen inventos como la fabricación de molinos de piedras para machacar el grano, la confección de recipientes para la conservación de granos, la creación de las primeras obras de alfarería, así como tiempo más tarde, el descubrimiento del hilado y el tejido.

Por todo lo anterior, se cree que la condición social de las mujeres debió de elevarse, ya que las primeras divinidades observadas son femeninas a las que a menudo se les llaman "Diosas Madres", pues la tierra de cuyo seno surgen los jóvenes brotes parece haber sido imaginadas por los hombres del Neolítico bajo las especies de una mujer fecunda (6).
En el Neolítico medio, (entre 6 mil y 3 mil a.C), se produce la segunda revolución técnica que se caracterizó por el descubrimiento de nuevas energías (la fuerza del buey, del agua y del viento), de nuevos modos de transporte (el barco de vela y la carreta que suplantó en el arado al azadón manejado por las mujeres), por el conocimiento de las propiedades físicas de los metales y de los procesos químicos, la invención del calendario solar, la arquitectura de ladrillo y las matemáticas aplicadas. Gracias a este desarrollo se originan las primeras ciudades con conceptos de propiedad privada, acumulación de bienes y división de labores; de aquí se divide la sociedad en 3 clases: la poderosa de los ricos, la media de los comerciantes, artesanos, sacerdotes y militares, y la de los esclavos. Asimismo, nace el recurso de la guerra para poderse apropiar de las tierras vecinales con el fin de sobrevivir cuando los suelos se agoten.
El Neolítico medio rompe el equilibrio del hombre con la naturaleza y con sus semejantes. Es cuando aparecen estatuillas de arcilla y grabados en piedra con representaciones masculinas y fálicas. Tales símbolos implican el surgimiento de divinidades masculinas gracias al reconocimiento del papel paternal en la procreación (hecho atribuido a la domesticación de los animales que permitió el descubrimiento de la intervención del macho en la generación). El conocimiento del dualismo procreador hizo que se asignara un compañero macho a la Diosa-Madre, quien ocupó en un principio un lugar subordinado al lado de ella.
Después, su lugar fue de igualdad antes de convertirse en Cielo-Padre, creador soberano de los elementos y de los hombres (en Atenas y Egipto). El último paso se dio con la creación del Dios Omnipotente de las grandes religiones patriarcales (por ejemplo, el Dios de los judíos) (7).

Continuará...



(1) proyección de los prejuicios patriarcales en la observación de las sociedades. (2) apreciar una condición pasada por relación con las normas feministas. (3) proyectar las propias normas dándoles carácter de absolutas (4) Howard Parsons, Gender, sex roles and humannes: the dialects of body, culture and human fulmillemente. Amsterdam, Gruner 1976. (5) Cordón Childe, Los orígenes de la civilización. 1972. (6) Gordon Childe, Los orígenes de la civilización. 1972. (7) Gordon Childe, Los orígenes de la civilización. 1972.





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