Feminismo y sus orígenes P VI - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Feminismo y sus orígenes P VI

2° Lustro Rev. Foro

Feminismo y sus orígenes
(Sexta y última parte)


Por: Dafna Opalín

SIGLO XX
En el periodo anterior a la Primera Guerra Mundial, el ICW (International Council of Women), celebraba periódicamente congresos internacionales y había logrado la creación de grupos locales en todos los países, pudiendo agrupar en sus ideales a mujeres de todas las clases sociales y de religiones diversas (cristianas, protestantes y judías). El ICW obtuvo la libre disposición de sus ingresos para la trabajadora casada, leyes y sanciones contra el abandono de paternidad, prohibición del trabajo a niños. Lucharon por salario mínimo para las trabajadoras domésticas e igual sueldo y trato para ambos sexos, así como la abolición de los prostíbulos.
En 1904 se crea en Estados Unidos e Inglaterra otra organización: "The International Women Suffrage Aliance" (IAW), que se opuso a los comités contra el sufragio femenino que se habían formado en estos dos países. No tomó mucho tiempo para que se formaran secciones nacionales de la IAW en los países de occidente. La ICW y la IAW se unieron en el congreso de 1913 para condenar la prostitución que fue calificada como "esclavitud obligatoria de las mujeres para el beneficio de los hombres".
Durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres ocuparon los lugares masculinos en las fábricas y en los diferentes trabajos, como de agentes de información, enfermeras, asistencia a prisioneros y búsqueda de desaparecidos. Fue entonces, y sólo durante el tiempo que duró la guerra, que se olvidaron las diferencias entre los sexos y hasta se crearon guarderías para los niños, con la finalidad de que las mujeres se pudieran dedicar al trabajo.
Aun cuando después de terminada la guerra las mujeres volvieron a sus trabajos domésticos, la lucha de las organizaciones no cesaron, tal es el caso, de la ICW que logró incluir en el Tratado de Versalles y en la Convención de la Sociedad de las Naciones, el principio de "a trabajo igual, salario igual", además de contar con una delegada permanente de todas las asociaciones femeninas no gubernamentales del mundo en la Sociedad de las Naciones (las futuras ONG).
También el derecho al voto femenino fue obtenido por las mujeres de 21 países: Austria, África Oriental Inglesa, Canadá, Crimea, Checoslovaquia, Dinamarca, Estonia, Alemania, Gran Bretaña, Hungría, Islandia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Holanda, Polonia, Rodesia, Rusia, Suecia, Ucrania y Estados Unidos. Pero al mismo tiempo se perdía terreno, pues en Francia, Bélgica, Italia y Alemania se prohibió a partir de 1920, el control de natalidad y el aborto.
Ya en las sociedades fascistas de Alemania, Italia y España, la situación empeoró bastante puesto que se consideraba a la mujer como "ser inferior destinado a servir al marido en la familia y a tener muchos hijos". Este pensamiento fue erguido en forma de doctrina nazi, que además declaraba: "La mujer es una especie de animal. La familia es el único vínculo natural y una mujer que reivindique su libertad sexual, es impura como lo son: el judío, el negro y el homosexual. El feminismo es una perversión burguesa, una violación del orden natural de las cosas".

Pero aún durante la Segunda Guerra Mundial, la resistencia femenina en contra del fascismo fue muy valiosa; tan sólo en Italia habían 35 mil hombres y 70 mil mujeres en la resistencia; 4653 fueron detenidas, torturadas y condenadas; 623 fueron fusiladas y 15 condecoradas con la medalla de oro de la resistencia. Mismos escenarios se vieron en España (Eva Forest y Lydia Falcón) y en Alemania (Joan Kirchener y Eva Buch).
Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial, los gobiernos de los países agradecieron a las mujeres su ayuda, trabajo y esfuerzo suplantando a los hombres en el área productiva de la sociedad, regresándolas una vez más a sus labores domésticas. Desaparecieron las guarderías, los salarios para ellas eran otra vez inferiores a los de los hombres y se regresó a la prohibición de trabajo para las mujeres casadas. Sin embargo esto no menguó en el ánimo perseverante de las feministas que mantenían viva la meta de alcanzar sus derechos tal como lo expresó Simone de Beauvoir en 1948 en su libro "El Segundo Sexo". En esta obra Simone afirmaba su convicción de que no era la naturaleza la que limitaba los papeles femeninos, sino un conjunto de prejuicios, de costumbres y leyes arcaicas, de las que las mujeres eran más o menos cómplices. Hacía un llamado al sentimiento de dignidad de las mujeres para sacudirse la subordinación de que eran víctimas, mientras creían encontrar allí (gracias al matrimonio) su comodidad y su integración social. Este llamado fue escuchado por mujeres de todas las clases sociales y todos los continentes, en donde aparecieron traducciones del libro. Simone insistía en la necesidad para las mujeres de ejercer una profesión, para conquistar la independencia económica. Ella inspiraría la lucha feminista de las fundadoras norteamericanas y francesas.
Durante los siguientes 20 años después de la guerra, la mujer siguió siendo considerada como el sexo reproductor que se utiliza durante el tiempo de guerra y luego es desechado cuando ya no se le necesita.

1965 - 1980
Los progresos de la medicina, pusieron a disposición de las mujeres, eficaces anticonceptivos gracias a los cuales, podían por fin, separar su sexualidad de la procreación. Ya lo había dicho Simone de Beauvoir que "la liberación femenina comienza por el vientre". Una nueva batalla para poner los medios al servicio de todas las mujeres y para que fueran abolidas las legislaciones represivas para su uso, que aún están en vigor en la mayor parte de los países, arrojó a la luz nuevas heroínas, como la irlandesa Margaret Sanger, la inglesa Mary Stopes y la sueca Elise Ottesen-Jensen.
Para 1973, la mayoría de las parejas en Estados Unidos practicaban algún método anticonceptivo; siete de cada diez parejas usan los métodos más eficaces. En Francia 2 de cada 3 parejas practican la contracepción. El uso de los anticonceptivos no es como a muchos les gusta pensar, la liberación sexual de la mujer para tener relaciones "al por mayor", sino que representó una opción que era netamente femenina, que separaba a la "Mujer" de la "Madre" y que les permitió tener absoluto control de sus cuerpos, sino es que también, del curso que querían que su vida tuviera.
De esta victoria ganada se desatan luchas más feroces, como la del derecho al aborto, la de legislaciones más graves en contra de la violación y el derecho de la mujer a ser visto, ante todo, como un ser humano y no como un objeto sexual. De estas nuevas ideas aparecen diversos grupos como la NOW (National Organization of Women) el WLM (Women Liberation Movement) el FMA (Féminin-Masculin-Avenir) o el MDF (Movimiento Democrático Femenino). Con los medios masivos de comunicación, ésta ya no es una batalla en solitario, ya todo el mundo se puede enterar de las diferentes situaciones sexistas a las que son expuestas las mujeres, a la denigración y al acoso de las que son víctimas. Las mujeres estudian carreras y ejercen sus profesiones, se vuelven económicamente independientes y la tasa de matrimonios y de natalidad bajan, mientras aumentan las demandas de divorcio y de abuso físico y mental.


La mujer ya no es más un ser indefenso que actúa según la voluntad de los hombres o de las demás mujeres machistas. Tiene ya una personalidad propia y busca destacar como cualquier otro ser humano, además de ser la creadora de su propia vida y felicidad. Es así como la mujer ya no es la principal culpable en los casos de violación, de como puede estudiar y ejercer una profesión, ser independiente económica y emocionalmente. Pero aún hay un gran camino que recorrer, ya que bajo la bandera de la libertad de expresión, sigue siendo explotada como símbolo sexual; en muchas culturas y sociedades su papel se ve restringido a sus ánimos de libertad e independencia, enjuiciados. Y cuando una voz se levanta para declarar: "Yo soy feminista y lucho por los derechos igualitarios de los sexos", se le trata de callar con argumentos que insinúan lesbianismo o rechazo a una supuesta naturaleza y orden social, manejado por hormonas y factores reproductivos.
La mujer feminista busca, que no se le evada con tesis hormonales, que la comunicación sea eficaz entre la pareja y la familia, que se le permita elegir el rumbo de su vida emocional y ocupacional. Quiere compartir obligaciones y éxitos; no quiere ser juzgada y perseguida por su cuerpo. Quiere una participación igualitaria del hombre en las responsabilidades domésticas y educacionales de los hijos. Busca un compañero no un amo. Y lo más importante, la mujer feminista le ofrece los mismos derechos al hombre.

EL MACHISMO

ES UNA FORMA

DE RACISMO.



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