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Inacabada la Primavera Árabe

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Inacabada la Primavera Árabe

Por: León Opalín
Feb/2012
Las revueltas de la Primavera Árabe siguen convulsionando al Medio Oriente en virtud de que las demandas de la sociedad por instaurar sistemas democráticos en los diferentes países de la zona han quedado rezagadas; básicamente se han observado cambios cosméticos en los gobiernos, empero, en el fondo persisten las prácticas autoritarias y represoras de los regímenes previos. Incluso en Libia, en donde fue derrocado y muerto Muamar Kadahafi, grupos afines a los intereses del dictador siguen combatiendo esporádicamente en varias regiones de esa nación. El Consejo que se creó para gobernar Libia tras la muerte de Kadahafi, ha sido criticado por la población debido a que algunos de sus integrantes se han alejado de los propósitos para los que fue instaurado este órgano político. Las dificultades económicas en Libia hacen que el proceso de reconstrucción del país se contemple en el mediano plazo; la situación prevaleciente en Libia hace tener que los vientos del extremismo islámico puedan imponerse no sólo en este país, sino que en general tengan una eclosión este fenómeno en todo el Medio Oriente y en diferentes naciones de Asia.

En Egipto se han llevado a cabo elecciones legislativas en las que han logrado importantes triunfos las corrientes islámicas: la de los Hermanos Musulmanes con 40.0% del total de los votos y los ultra extremistas Salafistas con 25.0%; en este contexto, existe el temor de que estos grupos puedan establecer un sistema político teocrático fundamentado en la Ijad (Ley Islámica). Las elecciones presidenciales están previstas para junio próximo, en tanto la Junta Militar que está en el poder tras la caída del Presidente Housni Mubarak, sigue gobernando con mano férrea, violando los derechos humanos de la población; el Ejército continua disolviendo con fuerza excesiva las marchas populares y aplicando la tortura a los detenidos.

Por otra parte, los incidentes entre los musulmanes y los Coptos cristianos y católicos ortodoxos se multiplicaron desde la remoción de Mubark; los Coptos representan aproximadamente 12.0% de los 80 millones de habitantes de Egipto. Ante la creciente hostilidad que enfrentan, parte de ellos han optado por emigrar a otros países; tan sólo Canadá ha recibido solicitud de residencia de más de 120,000.

Los sucesos relacionados con la Primavera Árabe han frenado la prosperidad que experimentaba la economía de Egipto; la cual creció a una tasa media de 7.0% anual entre el 2006 y el 2008; 4.7% en el 2009 y 5.1% en el 2010; se estima que el adelanto fue de 1.0% en el 2011. Los flujos turísticos y la inversión extranjera directa se han retraído frente a la inestabilidad política y social en el país; las ayudas extraordinarias por 9,000 millones de dólares prometidos por EUA y el Grupo de los Ocho no se han concretado; las reservas internacionales han declinado alrededor de 40.0% y el déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos ha subido de manera notoria.

Para contrarrestar la desaceleración de la actividad económica y la ascendente desocupación el gobierno egipcio ha instrumentado una política expansiva del gasto público que junto al aumento de subsidios para apaciguar la inestabilidad social, ha llevado el déficit fiscal a 10.0% como proporción del PIB, lo que constituye un lastre para las finanzas públicas. Así, la Primavera Árabe en Egipto aún representa un proceso inacabado de cambio.

En Siria se ha intensificado la violencia originada en la sangrienta represión del presidente Bashar El Assad en su afán de mantenerse en el poder. Después de once meses de protestas, el número de muertos asciende alrededor de 6,000. Al Consejo Nacional Sirio, con sede en Estambul Turquía y que agrupa a las fuerzas opositoras, se han sumado 15,000 desertores del Ejército Sirio, que con sus acciones militares han dado un tinte de guerra civil al conflicto; cabe destacar que en las filas del ejército desertor están integrados combatientes afganos y de otros países que participaron en la guerra civil de Libia. Los Hermanos Musulmanes que forman la columna vertebral del Consejo Nacional Sirio han expresado la necesidad de que una fuerza militar extranjera intervenga en Siria para frenar el baño de sangre de Assad, empero "que no sea Occidental como en Libia, sino de Turquía, otro pueblo islámico, y con aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU"; lo cual no se considera viable por que Rusia como miembro del mismo, ejercería su derecho de veto. Rusia se opone a la intervención militar foránea en Siria e incluso a la substitución de Assad; por que lo considera su aliado en la región; Rusia posee una base militar en el puerto Sirio de Tartus en el Mediterráneo en donde tiene desplegado un sistema de defensa aérea. El futuro de Siria es incierto; EUA, Europa y el mundo árabe, particularmente las monarquías "medievales del golfo", están a favor de una intervención militar externa.






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