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La amante judía de Mussolini

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La amante judía de Mussolini

Por: Bertha Neuman
Nov. 2011

Ya tiene algún tiempo que en los E.U. salió a la luz un libro que relata las relaciones secretas entre Benito Mussolini y Margarita  Sarfati, intelectual sefaradí oriunda de Venecia, quien además escribió la biografía del Duce.

Es una historia de amor, de sentimientos encontrados, humillación, rechazo y atracción, en resumen una amalgama de pasiones de estos dos seres que vivieron bajo un signo trágico. Es la historia de su concubina, la que fue su más fiel consejera  política; la mujer que Mussolini trató de borrar de la historia de su vida y que no estaba dispuesto a explicar a su pueblo el porqué de sus relaciones con una mujer judía y además, su más estrecha colaboradora dentro del partido fascista.

Margarita Sarfati, nació en el seno de una familia sefaradí, en la ciudad de Tira fundada en el siglo XV, dentro del ghetto de Venecia y que siempre soñó con casarse con un gran "gentil hombre". Dueña de profundos y grandes ojos verdes,  llena de carnes como las madonas pintadas en la época del Renacimiento, Margarita solamente tenía 15 años cuando conoce al que iba a ser su esposo y del cual se enamoró profundamente. Se trataba de Kesara Sarfati, quien era un pariente lejano  oriundo de Florencia que le triplicaba la edad.


Fácilmente influenciable por su juventud, cuando él le explica lo que  es el marxismo y su filosofía, ella convencida ingresa al Partido Socialista. El esposo dejó inconclusa su carrera como abogado en la Universidad de Padua e ingresa al ejército,  tiempo en que la conoce condicionando su matrimonio a que su esposo  ingrese como ella al Partido Socialista.

Margarita entra a trabajar como crítica de arte en el periódico "Avanti", medio que es sostenido por su partido. Una mañana estando en el diario se presentó ante ella Mussolini, que en esa época era uno de los dirigentes más revolucionarios   del partido. El impacto que le causó fue instantáneo por su presencia bohemia y la energía que de él emanaba.

Con el trato cotidiano, pronto Benito empezó a admirar en ella su carácter resuello y el vigor que desplegaba a su alrededor, así como su temperamento decidido. Las críticas de arte que ella hacía eran incisivas y crueles, siendo muy solicitada   en toda exposición de arte que se llevaba a cabo y bastante temida por sus juicios.

Mussolini y Margarita trabajaron por muchas horas juntos y en una ocasión Benito se atrevió a confesarle que no era feliz con su esposa Raquel, que se sentía muy solo sin auténticos amigos en quienes pudiera confiar. Le confesó que su meta   era llegar a estratos más altos en el gobierno italiano para construir una Italia nueva.

Al paso del tiempo sus relaciones se fueron haciendo más íntimas y entonces él confesó que la quería. Los propios compañeros del partido Socialista, levantaron su voz ante tales relaciones, pues sabían que Mussolini tenía ideas   demasiado extremistas. Benito decidió portarse bien abandonando a todas sus queridas, promesa que incluso hizo a su esposa pero que nunca cumplió.

En el lapso en que Margarita conoció al Duce, él ya había tenido dos hijos de diferentes mujeres. Ella por su parte contaba de su matrimonio con tres hijos. Su esposo Kesara, al ver las relaciones que ella llevaba con Mussolini, decide abandonarla   y desaparecer.

Al estallar la primera guerra mundial, Benito es mandado al frente y mientras tanto muere el hijo mayor de Margarita, pérdida de la que nunca se recuperó. Independiente al amor que se profesaban, él sentía un apoyo espiritual e intelectual   dentro del partido fascista por lo que siempre la consultó. Uno de los consejos que ella le dio en 1922 fue la de aprovechar la fuerza que tenían los "Camisas Negras" para fundar el poder romano.




A la edad de 39 años Benito Mussolini sube al poder como Presidente de Italia.  El Comité del partido triunfante, sugiere que es conveniente el cortar sus relaciones con Margarita para que se liberara de su influencia. El Duce empieza a espaciar   sus encuentros con su amante, pero a pesar del alejamiento y rechazo que siente  Margarita, cada semana se desplazaba de Venecia a Roma para verlo, aunque tenía que esperarlo horas interminables. En una ocasión que llegó de visita, por orden  de  su amante fue sacada del edificio con lujo de fuerza.

En 1923 muere de un infarto el esposo de Margarita y ésta decide irse a radicar a Roma. Al mismo tiempo ella inicia la biografía de Mussolini. En 1935 las voces en contra de ella "la consejera del Duce, la judía" crecen por lo que ella sintió    que el piso del partido al que ella dedicó tanto tiempo, ardía bajo sus pies; se sintió defraudada y al mismo tiempo desolada, abandonando Italia para establecerse en París.

Por aquella época ya habían surgido brotes de antisemitismo por toda Italia. Los judíos fueron despedidos de sus trabajos y del partido fascista. Amado, el segundo hijo de Margarita no fue la excepción y fue destituido de su puesto como gerente    del banco donde prestaba sus servicios. Él se atrevió a pedirle ayuda al Duce pidiéndole además una recomendación para algún otro banco sudamericano. Pronto sus trámites estuvieron listos con el apoyo del dictador y el hijo de Margarita    sale de Roma.

Mussolini se entera por medio de un diario de París de la huida de su ex-amante, por lo que contrata un investigador para que le informe del paradero de ella y a que se dedica. Constata el investigador que a pesar de todo, ella le sigue siendo fiel    y cuida celosamente su imagen. En París ella es asediada por los periódicos pues sabían que estaba escribiendo las memorias del dictador, pero ella se niega rotundamente a dar detalle alguno.

Margarita al estallido de la segunda guerra mundial, huye al Uruguay donde se encontraba su hijo, viviendo en completa soledad llena de dolor y recuerdos. En 1945, llegó a sus oídos la noticia de que Mussolini junto con su amante habían muerto    a manos de partisanos italianos, por lo que en 1947, regresa a Roma cansada y vencida, cortando toda relación con sus antiguos compañeros y amigos.

Ella sólo admite la acogida que le brindó su fiel amiga Clara Muso, única confidente a quien confiesa su gran arrepentimiento  por haber sido fiel a Mussolini y no haberse casado, sufriendo siempre de terrible soledad. En 1963, a la edad de 83   años, muere Margarita Sarfati, fiel amante del Duce.












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