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La Ciencia en el Arte

2° Lustro Rev. Foro

La Ciencia en el Arte



Por: Aarón Maya (París) 1/2012

Hace mucho tiempo que inicié -en lo que fue la revista "Foro"- varias colaboraciones con temas variados; algunos inspirados indirectamente por mi actividad como restaurador de arte o por algunas charlas que sostenía con amigos, pero ninguno trató de explicar mi profesión y los adelantos que en este campo hemos tenido, en gran parte gracias a los progresos científicos de las últimas décadas. Ahora, con el entusiasmo editorial que caracteriza al Sr. Jacobo Contente, en darse a la difícil tarea de subir a la Web una colección de interesantes e instructivos artículos, para mí, de la mejor revista que se ha producido por 20 años dentro de la comunidad judía de México, ahora con mayor razón le envío esta nueva serie, que espero sea del interés y agrado del público lector.


Una definición sencilla de lo que viene siendo un restaurador o curador de arte, la podemos encontrar en cualquier diccionario: es la persona que sana, recupera, restablece, mejora o califica determinado objeto artístico; se dice que el origen es latino e inglés, de la palabra "curator" y que se refiere a un comisariado artístico para exposiciones, museos, colecciones o mercado del arte. Para poder pertenecer a esta profesión, se tiene que contar con estudios preparatorianos y estudiar por lo menos 3 años en alguna universidad para recibir una licenciatura; aunque en la práctica la realidad es parecida a la de los médicos, que nunca dejan de estudiar, la práctica en diversos tipos de trabajo es fundamental, aunada a cursos especiales que los mismos museos o instituciones de cultura suelen proporcionar. De ello depende y que un curador destaque en determinadas materias o técnicas, a nivel local o internacional.
 Existen dentro de esta profesión muchos artistas que hacen curadurías de buen nivel en obras de otros artistas, pero no necesariamente el restaurador debe tener las dotes de un artista. Otra de las características básicas de la profesión, es ser un buen investigador y administrador, pues de ello dependen criterios hacia una buena selección y valoración de determinadas obras o colecciones. También tendrá que estar al corriente de los últimos diseños y métodos en montaje de exposiciones, tomando en cuenta el presupuesto que se ha asignado y vincularse con otros museos, artistas y centros culturales.
 Como vemos las actividades y preparación de un curador, son vastas y sus conocimientos deben ser diversos, de acuerdo a los objetos que tenga que manejar, como pinturas, esculturas, joyas, muebles, relojes etc.… Debido a esto, las especialidades han surgido en diferentes campos y para determinadas instituciones.
 Hasta aquí, someramente he presentado todo a lo que un curador o restaurador se refiere, actividad que no tendría razón de ser sin el principal factor, que hace que esta profesión sea importante; ése factor es el inexorable tiempo, que produce estragos en los humanos, y en la mayoría de sus creaciones.
 La conocida expresión "Manos a la Obra", se aplica perfectamente a la curaduría y sus técnicas de conservación. En un pasado no muy distante, la remoción de la acumulación de suciedad en los objetos de arte, se hacía completamente a mano y con mucho cuidado, usando brochas y trapos suaves en combinación con algunos removedores que no fueran invasivos; esto se llevó a cabo desde el siglo XVIII, enfocado principalmente a piezas arqueológicas; pero en los últimos 50 años, se ha llegado a un adelanto tal, que ni siquiera se toca la pieza para su limpieza, estudio o valoración.
Este tipo de limpieza moderna, se debe a varios investigadores que en principio trabajaron con el llamado oxígeno atómico, para darles a las partes de naves espaciales un recubrimiento para una mayor duración. Posteriormente descubrieron los radicales de ése oxígeno, que sirven para remover producto de carbono en compuestos volátiles como monóxido y dióxido de carbono. Al ser gaseosa la aplicación, solo hace contacto con la superficie de un objeto, como puede ser una pintura, sin dañar las capas inferiores; y algo importante para un restaurador, no tener contacto mecánico con la obra, que accidentalmente la pudiera dañar.
El método de oxígeno atómico, además de las propiedades de limpieza antes mencionadas, vuelve los tonos de las pinturas casi a su estado original, pues con la exposición constante a la luz, los tonos empiezan a clarearse. En el caso de otros materiales como papel y pergaminos, la remoción sin contacto de cubiertas orgánicas de pinturas o escrituras, la NASA contribuyó con un método patentado, que ya para el 2001 pasó al dominio público. Estos métodos, cuando existen escrituras o sobre-escrituras, tienen un gran apoyo con programas especiales de computación de alta resolución, por lo que se han venido rescatando todo tipo de manuscritos y hasta música medieval, cuyas partituras ya estaban muy deterioradas o parcialmente ilegibles.
En objetos escultóricos o estructuras de arte, no importando el material con que estén hechas, con el paso del tiempo también sufren deterioros, sobre todo si están a la intemperie; para este tipo de piezas, también han surgido métodos de limpieza y prevención, en base a escaneos térmicos en tercera dimensión. Este método con su software también se aplica en la medicina, pudiéndose detectar las zonas de apoyo de huesos con riesgos de posibles fracturas; en el caso de obras de arte, una vez concluido el estudio, los métodos para su prevención son diversos aplicando diferentes materiales según sea el caso.




El biodeterioro, que es el ataque nocivo de organismos vivos microscópicos muy común en objetos hechos de piedra como edificios, monumentos y sitios arqueológicos, se ha convertido en un verdadero problema para los conservadores. En estos casos previo análisis exhaustivos en diversas condiciones y épocas del año, las posibles soluciones caen dentro de los campos de la biología, química y física. El uso de biocidas es una constante en la conservación de monumentos, pero también se usan los llamados consolidantes, que son substancias con que se cubren las piedras para darle mayor fuerza estructural. Sin embargo su aplicación, no siembre es la adecuada, pues generalmente no es del color y tono de los objetos tratados. Aquí en París, el Laboratorio de Investigación de Monumentos Históricos, ha puesto en marcha el estudio y aplicación de la Bacillus Cereus, que al cultivarla y mezclarla con el polvo de las piedras del monumento a reparar, genera una especie de mortero bacterial, por lo que la pasta resultante sirven de protección eficaz y evita las diferencias en colores  y contrastes.
Otras víctimas de esta clase de deterioro son los murales, sobre todo aquellos pintados sobre yeso, o en los que la capa de pintura se encuentra entre la pared y el ambiente circundante, muchas veces con humedad y altas concentraciones salinas. En 1970 el italiano Enzo Ferroni, ideó una capa protectora en base a carbonato de amonio e hidróxido, que resultó muy efectiva, pero no en el gusto de varios restauradores que prefieren el uso de resinas acrílicas. Ya en México en la zona de Campeche, se ha aplicado en un mural otra nueva técnica en base a nanopartículas de hidróxido de calcio, como consolidante, método al parecer mejor que los dos anteriores.
Como podemos apreciar, los adelantos de la ciencia han podido facilitar, y acortar el tiempo en trabajos de restauración. Claro está que muchos de los productos y técnicas modernas, todavía no se encuentran en un rango económico de la mayoría de las instituciones, pero mucho se ha avanzado.
 Las nanopartículas (una de las últimas técnicas aplicada), promete mucho en éste campo de la preservación, al igual que el uso de bacterias (como la Bacillus cereus) para la remoción de materiales contaminantes y reparación de grietas. Aunque no son técnicas novedosas, el uso de rayos X y el electromagnetismo en diversos objetos de arte, han revelado grandes sorpresas y hasta han ayudado a determinar la forma en que una pieza se fue creando.
 Por otra parte el uso del laser y los rayos infrarrojos, han posibilitado el ver trazos ocultos detrás de pinturas originales; a esos descubrimientos les llamamos "pentimentos", que viene de la palabra italiana pentimenti, que significa remordimiento o cambio, pues los realizaban en sima de algo que no les acababa de gustar. Con estos procesos de visión oculta, se catalogan -entre otras cosas- las características de las piezas de mucho valor, para distinguirla sin lugar a dudas, de alguna copia o buena falsificación que se pretenda hacer.
 Espero que esta pequeña introducción a los métodos de una profesión -no muy antigua pero vasta en sus temáticas y técnicas- les haya gustado.  Gracias.





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