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04/07/2018
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La epidemia de peste

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La epidemia de peste

Por: José Kaminer Tauber  01/2012

El inicio
En el año 1348 empezó una epidemia de peste en Europa que causó la muerte de la tercera parte de la población total de entonces. Aunque la cantidad de víctimas varió desde un quinto de la población en algunos lugares hasta la casi total exterminación en otros. Un tercio de la población en aquella época equivaldría a unos veinte millones de personas. En realidad es imposible saber el número de víctimas con exactitud, los cronistas de la época no son de fiar y hay que recurrir a los escasos documentos que se conservan de las iglesias en los que se recogen nacimientos y defunciones.
No hubo ninguna alarma en el continente Europeo hasta que la peste fue introducida en Italia por los barcos genoveses y venecianos. La peste aparece en Italia en octubre de 1347, Y para enero del año siguiente ya había llegado a Francia, vía Marsella, y ha llegado hasta el Norte de África. La rata negra, buena pasajera de los barcos, la va extendiendo a lo largo de las costas y ríos navegables. Al mismo tiempo que entra en España, en Italia alcanza Roma y Florencia, y llega a Paris en junio de 1348, más tarde a Inglaterra a través del Canal de la Mancha. En el verano llega a Suiza y por el Este se extiende hasta Hungría.
En 1349 la peste reaparece en Paris, se extiende a  Flandes y los Países Bajos; de Inglaterra pasa a Escocia e Irlanda, así a Noruega luego se extiende la epidemia a Suecia, Dinamarca, Prusia e Islandia, llegando incluso hasta Groenlandia y alcanza a Rusia en 1351, aunque el primer brote ya había expandido en casi toda Europa a mediados de 1350.
La mortandad fue enorme en toda Europa; las ciudades eran las  más expuestas al contagio, por el hacinamiento en que se vivía, sobre todo en los barrios pobres. La ciudad de París, por ejemplo, perdió a la mitad de sus habitantes. De todas maneras, se ha comprobado que el índice de mortandad en las aldeas, una vez que aparecía en ellas la peste, era igualmente alto.
El misterio del contagio era el más temido de los terrores. La gente percibió rápidamente de que la enfermedad se propagaba por el contacto con los enfermos, con sus ropas o sus cadáveres y también con sus casas.
La peste negra, duró dieciséis largos años (1334 1350) y que exterminó 20 a 25 millones de europeos, es decir, una cuarta parte de la población total del continente y en Asía no contamos con los datos suficientes para una valorización.

La enfermedad
Esta es una enfermedad infecciosa aguda muy rara producida por la bacteria "pestis", en el enfermo corresponde a la aparición de "bubones" en diferentes partes del cuerpo. El vocablo "bubón" que significa ingle (Dicc. Larousse: bubón n. m. tumefacción inflamatoria de los ganglios inguinales. Sinónimo: buba). Es una enfermedad que afecta a ciertos animales y que puede ser transmitida al hombre. Se caracteriza por provocar protuberancias con pus (bubones) en la zona de la ingle axilas, cuello, etc.; causando la muerte en cuestión de horas. Esta afección es propia de los roedores, algunos de los cuales hacen interacción biológica con las a pulgas, las cuales a su vez, transmite del roedor al hombre el microorganismo causante de la enfermedad.
Cuando la enfermedad invade Europa, esta se encontraba en un momento de revés económico excesivo, consecuencia de un sistema feudal en retroceso y con una economía en muy mal estado, fruto de malas cosechas frecuentes y una sobrepoblación.  Una época  decadente en la que el pesimismo y la irracionalidad eran parte del pensamiento del individuo de los diferentes estratos de la sociedad.
Por ejemplo, los habitantes de los burgos  vivían en promiscuidad, sus viviendas tenían piso de tierra y una sola habitación donde todos dormían juntos, incluyendo sus animales; ahí mismo cocinaban y comían, sumado a todo esto, la gente a todos los niveles, había perdido la costumbre de bañarse, ya que incluso, el baño personal había llegado a considerarse pecaminoso.
No se tenía idea en aquel momento que las ratas (rata negra, Rattus rattus) y las pulgas que estas cargaban (Xenospsylla cheopis: pulga oriental de la rata), y con quienes el hombre prácticamente convivía, podían tener algo que ver con esa enfermedad.
Los médicos de entonces perdieron credibilidad a causa de no poder curar la peste, ellos mismos morían después de tratar a los pacientes; algunos preferían no atender sus responsabilidades hipocráticas. La gente no velaba los muertos, al final ni los enterraban y huían, llevando la plaga a otros lugares. Los sacerdotes no imponían los sacramentos, la iglesia dio libertades para ello; las autoridades eclesiásticas se enclaustraron, no obstante sufrieron bajas en proporciones considerables.

Buscando causas
En octubre de 1348, Felipe VI pidió a la Facultad de Medicina de París que se definiese sobre las causas que habían provocado la temible epidemia de la peste, que parecía amenazar con el exterminio de la Humanidad. Con cuidadosas tesis, antítesis y pruebas, los doctores dictaminaron que su origen se debía a una triple conjunción de Saturno, Júpiter y Marte en el grado cuarenta de Acuario, ocurrida el veinte de marzo de 1345. Este veredicto se convirtió en la versión oficial y fue reproducido y traducido a diversos idiomas, llegando a ser aceptado incluso por los médicos árabes de Córdoba y Granada.
Naturalmente se intentaron llevar a cabo algunas medidas destinadas a la sanación de los enfermos, pero la mayoría de todas ellas estaban mal encaminadas. Los médicos realizaban  tratamientos destinados a sacar veneno e infección del cuerpo, sangrando, purgando con lavativas, cortando o cauterizando los bubones o aplicando compresas calientes. Se recetaban también pócimas que contenían especias raras.
El único caso de medicina preventiva lo tenemos en la manera en que Guy de Chauliac, médico de Clemente VI, aisló al supremo pontífice en sus apartamentos del palacio papal de Aviñón, prohibiéndole terminantemente que recibiera visitas y haciéndole sentar en medio de dos grandes fuegos durante' todo el caluroso verano provenzal. El aislamiento y el calor infernal que reinaba en las habitaciones papales contribuyeron sin duda a. espantar las pulgas.
A nivel popular se aconsejaba a diestro y siniestro, desde lavarse la boca y nariz con vinagre y agua de rosas, hasta frecuentar las letrinas, siguiendo la teoría de que los malos olores eran eficaces contra la peste. En una aldea se podía ver a sus habitantes danzando y cantando continuamente al son de flautas y tambores. Si se les preguntaba que por qué lo hacían, respondían que confiaban en mantenerse inmunes a la peste mediante la alegría que demostraban con el baile. No sabemos si realmente lo consiguieron.

La persecución de los judíos
¿Quiénes sino los judíos podían ser los verdaderos culpables de tanta desgracia?
Es una gran verdad en la Historia que las desgracias nunca vienen solas. Bien pronto la hostilidad del hombre presionado por la peste se volvió contra los judíos. Los primeros linchamientos comenzaron en la primavera de 1348, justo después de las primeras muertes producidas por la peste. El cargo contra ellos era que estaban envenenando los pozos. Estos ataques tuvieron lugar en Narbona y Carcasona, donde los judíos fueron sacados de sus hogares y arrojados a enormes hogueras. El judío como eterno extranjero era el blanco más obvio. Era el fuera de la ley que se había separado voluntariamente del mundo cristiano, y a quien durante siglos se había hecho objeto de odio. . En cuanto a la acusación de envenenamiento de los pozos, también era antigua; aparece en la plaga de Atenas, también se contaba con el ejemplo más reciente de la plaga de 1320-21, en la que se culpó a los leprosos, creyéndose que actuaban instigados por los judíos y el Rey de Granada en una gran conspiración para destruir a los cristianos. Cientos de leprosos fueron atrapados y quemados en Francia durante 1322, y los judíos fueron también duramente multados.
De manera que con la Peste Negra, los judíos fueron de nuevo chivos expiatorios. En 1348 el Papa, viendo el sesgo que tomaba la situación, publicó una bula prohibiendo la matanza, el saqueo o la conversión forzosa de los judíos sin juicio previo, lo cual frenó los ataques en Aviñón y en los estados papales, pero no en el norte. Las autoridades, en la mayoría de los casos, intentaron proteger a los judíos al principio, pero acabaron sucumbiendo a la presión popular.
En Saboya, donde se celebraron los primeros juicios formales en septiembre de 1348, se confiscó la propiedad de los judíos mientras estos permanecían en prisión esperando que se probasen las acusaciones que contra ellos se levantaron. Naturalmente las acusaciones fueron comprobadas mediante el método medieval a base de confesiones obtenidas mediante tortura. Se decía que existía una conspiración judía internacional con base en Toledo, de donde partían emisarios que llevaban el veneno escondido en pequeñas bolsas, así como instrucciones rabínicas sobre la forma de envenenar pozos y manantiales. Los judíos fueron encontrados culpables; once de ellos fueron quemados vivos y el resto de la comunidad judía tuvo que pagar un impuesto de ciento sesenta florines al mes durante seis años para seguir residiendo en la ciudad.
Las confesiones obtenidas en Saboya, distribuidas por carta de ciudad en ciudad, formaron la base para una serie de ataques a lo largo y ancho de Suiza, Alsacia y Alemania. De nuevo el Papa intentó frenar la histeria con otra bula en la que decía que aquellos cristianos que inculpaban a los judíos de la peste habían sido seducidos y engañados por el diablo. Señalaba que la peste afectaba por igual a todo el mundo, incluidos los judíos, y que lugares donde no vivía ninguna comunidad judía la plaga era tan terrible como en el resto del mundo. Animó además al clero a acoger a los judíos bajo su protección, pero desgraciadamente su voz no fue oída. En Basilea, el nueve de enero de 1349, toda la comunidad judía, de varios cientos de personas, fue quemada en una casa de madera construida especialmente al efecto en una isla del Rin, y se emitió un decreto por el cual ningún judío podía volver a la ciudad en doscientos años. En Estrasburgo, el consejo municipal, que se oponía a la persecución, fue depuesto por el voto de los gremios y se eligió otro dispuesto a cumplir la voluntad popular. En febrero de 1349, antes de, que la peste alcanzase la ciudad, los judíos de Estrasburgo, en número de dos mil, fueron conducidos a un camposanto donde todos aquellos que no aceptaron la conversión fueron quemados en hogueras.









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