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27/09/2017
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La princesa desafortunada

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La princesa desafortunada


Por: Bertha Neuman

 Fue una princesa que durante toda su vida vistió como monja y ayudó a huérfanos desvalidos. Pasaron 19 años para que al príncipe Felipe -consorte de la reina británica- le permitieran visitar la tumba de su madre la princesa Aliss, sepultada en el más grande de los secretos hacía ya más de 7 años.
Aliss fue enterrada en la iglesia María Magdalena, situada en el Monte de los Olivos frente a la ciudad amurallada de Jerusalem. El príncipe estuvo a punto de viajar en varias ocasiones a Jerusalem, pero por varias razones que alegaba el ministerio de relaciones exteriores no pudo hacerlo; pero en el mes de octubre de 1994 el príncipe Felipe recibió una invitación del Museo Yad Vashem de Jerusalem, para asistir al homenaje póstumo que su madre recibiría como "Benemérita de la Humanidad".
Durante toda su vida Aliss supo que su última morada sería en la iglesia de María Magdalena. Ella misma escogió el lugar. En el año de 1969, a la edad de 84 años falleció en el castillo de Windsor pero por motivos religiosos y diplomáticos su hijo no pudo cumplir con el póstumo deseo y se vio obligado a darle sepultura temporal en la iglesia de San Jorge.
La razón por la cual el ministerio del exterior se opuso terminantemente a que fuera enterrada en Jerusalem, fue el no reconocer la reunificación de la capital de Israel y por no caer en el enojo de Yaser Arafat y el Rey Hussein de Jordania. Otro de los motivos, fue que los altos prelados de la iglesia ortodoxa griega y la rusa blanca, ambas situadas en la capital de Israel, se oponían a que su cuerpo fuera a reposar en cual de éstas. El problema era que la princesa perteneció a la primera y su voluntad fue ser enterrada en la segunda.
Gracias a la Perestroika de Gorbachov, los jerarcas de ambas iglesias pudieron dejar a un lado su antagonismo y respetar el deseo de la princesa. En Israel fue todo un acontecimiento la llegada de un miembro de la realeza británica.
El príncipe no sólo visitó la tumba de su madre sino que también visitó el museo Yad Vashem, donde depositó una corona de flores en el "Santuario del Recuerdo". En el mismo lugar ya estaba preparada una placa de bronce con el nombre de la princesa; detalle que emocionó profundamente al hijo quien además plantó un árbol a nombre de su progenitora.
La princesa Aliss nació en el castillo de Windsor en el año de 1875; sorda de nacimiento demostró su gran inteligencia al poder leer los labios de sus interlocutores; además de hablar el inglés, francés, griego y alemán. Era una mujer de mucho porte y belleza que pudo superar la falta de audición. En 1903 Aliss contrajo matrimonio con el hijo del rey Jorge I de Grecia y procrearon cinco hijos siendo el menor y único varón Felipe.
Su esposo formó parte de la marina griega y en el conflicto que ese país tuvo con Turquía y del cual resultó derrotado, fue llamado como testigo de un juicio, rehusando la orden de presentarse; por ello fue declarado culpable y sentenciado a la pena de muerte. Al saber la suerte de su esposo, Aliss movió todas las influencias que tenía a su alcance, logrando condonar la pena. Dadas las circunstancias la familia pasó a vivir a Francia, donde sufrieron penurias y carencias que se supone no deben tener las familias reales. Ella puso un pequeño negocio que apenas daba para subsistir, no obstante sus pocos ingresos nunca se rehusó a prestar ayuda a refugiados griegos que se la pedían.
Felipe terminó sus primeros estudios en París y para su fortuna una parienta le brindó la oportunidad de estudiar en la Universidad de Inglaterra, lugar donde conocería a su actual esposa la Reina Elizabeth II. Cuando Alemania conquistó Francia, la familia de Aliss regresó a Atenas, no así su esposo quien prefirió quedarse en Monte Carlo, donde falleció.
En 1941 Hitler invadió Grecia entrando por Yugoslavia y Bulgaria, por lo que casi todas las familias reales abandonaron el país, a excepción de Aliss quien se estableció en Atenas. Por la persecución que el dictador nazi hacía de los judíos, y siendo muy amiga de una familia Cohen, ella les brindó refugio en Atenas y posteriormente parte de la familia se dirigió a Egipto uniéndose al ejército libre de Grecia.
En 1989 Moshe Cohen que tenía 78 años de edad, escribió al director del Museo Yad Vashem, narrándole la historia sobre la salvación de su familia gracias a la princesa Aliss y pedía que se le rindiera homenaje dándole el título de "La Benemérita de la Humanidad" ya que había arriesgado su vida para salvarlos.
Moshe acudió desde París para asistir a la ceremonia y al término de ésta se acercó al príncipe conmovido hasta las lágrimas, para darle las gracias por todo lo que su madre había hecho por ellos. Entre las 12,500 personas que han recibido este honor, se encuentran tres de la realeza: Elizabeth Reina de Bélgica, Elena de Rumania y la Princesa Aliss de Grecia.






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