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04/07/2018
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La República Checa

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La República Checa
Entre varios mundos


Por: Sara Krongold

Para ser una ciudad con relativa poca población, la vida cultural de Praga nos parece extraordinaria: conjuntos musicales, ópera, coros, un espectáculo llamado Laterna Magika, teatro negro y marionetas simpatiquísimas. En Praga gozamos de Orfeo y Eurídice de Mozart, con una magnífica música, combinando a las marionetas desde tamaño natural a perspectivas reducidas, según la trama.
Las funciones en su mayoría son para turistas y las gentes del lugar manifiestan que les resultan demasiado onerosas, aunque esos mismos precios comparados con países como E.U., son verdaderamente bajos.

Tuvimos la oportunidad de hablar con un checo que había radicado en América y nos informó que su República se había beneficiado con la escisión de Eslovaquia, de 8 millones de habitantes. Czechia tiene 5 millones y una moneda estable, lo que atrae a inversionistas extranjeros. Su industria de acero es bien conocida y son fabricantes de autos como el Skoda y cristales bastante apreciados y bellos como los de Bohemia.
Algo que también sorprendió fue la fabricación de cerveza, teniendo 138 variedades, de las que probamos algunas como la Pilsner y por poco nos hacemos "adictos", aunque algunos dicen que no es de las más famosas.
En su mayoría el pueblo checo es católico y aprovechan las iglesias y capillas para realizar sus conciertos. Nosotros estuvimos en semana santa, en la que se anunciaba música sacra como "El Mesías" de Händel, etc. Como dato aparte, podemos agregar que este país ayudó a Israel en su lucha de Independencia.

Pero volviendo a la ciudad, se contempla una arquitectura medieval con un castillo que preside sobre las colinas de un tipo gótico estilizado que remata en varias torres finas. Se ve como los castillos de cuentos.
El río Vlatava y sus puentes son una atracción. El del emperador Charles IV tiene estatuas con figuras de santos muy bien equilibradas en el espacio de puente tan amplio, que casi no lleva tráfico de vehículos. Como en otras capitales de Europa ¡qué belleza le añade un río a una ciudad!
Los nombres de Kafka y Rabí Löw (Maharal) suenan y se relacionan en todas partes. Leyendo algo sobre Rabí Löw, pensamos que era de una inteligencia excepcional y tenía poderes para hipnotizar, además de profundos conocimientos religiosos de la Cábala y una gran bondad.
Este personaje nació en el Siglo XVII y creó el Golem con el objeto de que preservara a la comunidad judía del antisemitismo. Cuando los tiempos cambiaron para bien, en ese sentido, lo destruyó. Al colocarle a la criatura de barro un papelito con el nombre del Shem (de Dios) en la boca, le dio vida. Para anularlo le sacó el Shem. Antes del Shem, recitó una oración en cada caso.
Se cuenta también que en un cuarto cuyas puertas miran el final de una callejuela circundando el castillo que visitamos, vivió Franz Kafka. Si es verdad o añadido para fines turísticos, no lo sabemos, mas en una librería cercana a la Plaza Hüs, venden libros del autor traducidos a muchos idiomas. El relato señala que en el pasado y en ese mismo lugar, había una tienda de telas cuyos dueños fueron los padres de Kafka.

El segundo idioma del país es el alemán (con el que escribía Kafka), pero cuando se tiene a la mano un programa de algún espectáculo, casi todos están impresos en checo, inglés y también en alemán.
Volviendo a la Plaza Hüs se observa la reunión alrededor de una fuente grande de turistas de varias partes, quienes comen su lunch en las bancas que adornan el lugar. Esta plaza está rodeada de restaurantes estilo art nouveau, pintados de hermosos colores pastel. También en esta plaza existe en una iglesia, un reloj astronómico; a la hora, no importa en que tiempo del día, van saliendo figuras que representan a los apóstoles.
Han Palach fue el joven que se inmoló prendiéndose fuego cuando la invasión rusa, después de la Primavera de Praga, existe una plaza que lleva su nombre y que recuerda el sufrimiento checo por la invasión. Los checos sufrieron dos invasiones: la alemana durante la Segunda Guerra Mundial y la rusa por temor que ellos tenían de que el comunismo se "debilitara".
Nuestra casera la Sra. Ludmila, se casó con un judío ortodoxo después de la liberación; por consejo de su madre aprendió el alemán y así pudimos entendernos en yidish como enlace-puente, porque ella no sabía inglés y de español sólo decía "hasta la vista".
Checoslovaquia, durante su época de reyes y emperadores, tuvo uno polaco. Ninguno de ellos pecó por su "amorosa" relación con los judíos, mas Charles IV les donó una bandera propia, colgada actualmente en una de las columnas del Altneschul. Ese estandarte hizo que los judíos se sintieran con un renovado y digno status. En esa misma sinagoga, hay un asiento, que según la leyenda, era del Maharal (Rabí Löw). Lo interesante es la atmósfera de respeto que surge, tanto por parte de la guía (no judía), como de algunos visitantes con el mismo status.
La invasión de la mafia ucraniana y la pobre opinión que guardan los checos de sus vecinos húngaros y gitanos (tzigani), nos hizo comprender las exigencias para obtener la visa checa. Desde mediados del año pasado los israelíes no necesitan visa para la República Checa.
En Checoslovaquia existe vida judía desde el Siglo X, que se dio en la margen derecha del río Vlatava. Esas tierras recibieron una vez el nombre de la «madre de Israel». La existencia de los judíos se aglutinaba en torno de los castillos y los mercados.
A pesar que en aquel entonces azotaban la peste y las plagas, así como los frecuentes incendios -entre ellos uno devastador- las comunidades se las arreglaron para sobrevivir.
Praga fue centro administrativo de los judíos de Bohemia. Solía ser uno de los primeros núcleos de Europa y por tanto la comunidad praguense, forma parte inseparable de la historia hebrea de esas tierras checas.
El actual museo judío de Praga, compuesto por cinco construcciones en la zona de lo que fue el ghetto, comprende: la Sinagoga Vieja-Nueva (Altneuschul); la Sinagoga Maisel; la Sinagoga Pinkas; la Sinagoga Klaus; el edificio de la Sociedad de Inhumaciones y el viejo cementerio judío. La sociedad judía cuenta con una riquísima historia de cada uno de esos monumentos, personajes y construcciones.
Del Siglo XV la Sinagoga con el nombre de Mordechai Maisel, fue construida por él cuando fue alcalde de la ciudad. Benefactor y filántropo, veló por el bienestar de su comunidad. Donó preciosos objetos litúrgicos de arte, objetos que tuvimos el privilegio de admirar.

En la Sinagoga Pinkas, también del Siglo XV, nos tocó ver la inauguración interesantísima de un memorial de los judeo checos, cuyos nombres fueron pintados en mayúsculas negras (las primeras letras) y las que seguían con minúsculas en color rojo hasta completar el nombre. Es una nomenclatura de 80mil, tapizada en las paredes. En la restauración trabajaron tres equipos de artistas y calígrafos durante cuatro años, todo este esfuerzo en honor de las víctimas del nazismo.
El cementerio viejo se revela como algo único. Verlo es entrar en una dimensión desconocida, singular, difícil de explicar incluso las impresiones que asaltan al visitante. El aire se siente diáfano, azul; es como si en el ambiente estuvieran flotando elementos de otras partes. Las lápidas están colocadas en las formas más caprichosas, datando del Siglo XV. Hubo que servirse de cuatro capas de tierra para que alcanzara el lugar que a la larga se hizo insuficiente, suspendiéndose las inhumaciones con el tiempo, quedando este panteón como un verdadero monumento. Es característico que en la antigüedad las lápidas portaran, independientemente del nombre, los símbolos del oficio; así encontramos grabadas tijeras en el caso de algún peluquero.
También existe una Sinagoga llamada Española, ligeramente fuera del perímetro del ghetto cuya regia fachada es de admirar. Suponemos que el nombre le viene por haber sido una Sinagoga sefaradita. El inmueble está en reparación y reinaugurado 1998.




Visitamos una exposición en la Sinagoga Klaus, de dibujos de niños que cayeron en el campo de concentración de Terezin. El corazón nos daba saltos con los rótulos de quien se había salvado o sobrevivido y quien, no. Desgraciadamente un noventa por ciento pereció. Los temas eran ecológicos: flores, soles, naturaleza, anhelando la libertad. Recientemente hubo varias exposiciones de ese sagrado material en nuestra comunidad, por cortesía de la República Checa.
Recuerdo que en «Prensa Israelita» un órgano informativo que dirigíamos hace muchos años, con motivo de la conmemoración del ghetto, publicamos dibujos de los niños que perecieron, copiados de un libro.
Se estima que el Museo Judío de Praga es uno de los más visitados en Europa; los nazis planearon que fuera el «Museo de una Raza Extinta»; lo único que queda de sus nefastos planes son edificios y artefactos.
Llamarse «Madre de Israel» no debe ser una casualidad. Aunque los pueblos eslavos no se distinguieron por su amistad hacia los judíos, siempre nace una simiente positiva en ese sentido, que se distingue y aísla del medio ambiente, para vivir con criterios y sentimientos diferentes y además aplicarlos a la realidad.




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