La Resistencia Más Noble - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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La Resistencia Más Noble

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La Resistencia Más Noble


Por: Vele Zabludovsky

El lema de aquellos pequeños grupos de jóvenes judíos que se levantaron, con sus pobres armas, en contra del ejército nazi, fue: "Sabemos que vamos a morir, pero vamos a morir con dignidad."
Esta resistencia, este incomparable heroísmo, será recordado para siempre por el pueblo judío.
No menos heroica fue la resistencia de la vida, de la vida cotidiana de los judíos en los ghettos y campos. Ahora, más de 50 años después, aún nos preguntamos: ¿De dónde sacaron esta fuerza para mantener el "Tzelem Alokim" -"A imagen y semejanza de Dios"- cuando parecía que Dios se escondió ante la pena y cerró sus ojos ante el dolor? ¿Cómo podían en estos planetas, como dice Elie Wiessel, llamados ghettos y campos de concentración, llevar una vida acercándose a la normalidad, cuando todo a su alrededor parecía envuelto en la locura? Las contestaciones a estas preguntas serán escritas con letra de oro en las nuevas páginas de los libros de historia de nuestro pueblo.
Los partidos políticos siguen con sus actividades en los ghettos: sionistas, bundistas y comunistas inician sus labores de ayuda, salvación y resistencia. Sus miembros se vuelven "curiers" quienes crean un eslabón entre el ghetto y el lado "ario", y demuestran un extraordinario heroísmo, no solamente durante el levantamiento, sino en todos los años que el ghetto existió y luchó entre la vida y la muerte.
Los religiosos, con sus distintas orientaciones, organizan dentro de las estrechas paredes del ghetto, sinagogas y "batei-midroshim" (casas de estudio), guardan un "shabes" (sábado) y un "Yom-tov" (Festividad). Los judíos hambrientos ayunan en Yom-Kipur (Día del Perdón), y rehúsan comer el pobre trozo de pan en Pesaj (Pascua judía), cuando era imposible conseguir "matze" (pan ázimo). Es simbólicamente trágico que las acciones más fuertes fueran en un sábado y que, en casi cada ghetto, hubiera un caso en el cual llenaron un "shul" (templo) con judíos y quemaron el "shul" con ellos dentro.
En todos los ghettos se formaron escuelas para los niños: en sótanos, en áticos, en cuartuchos fríos y pequeños, maestros enseñaban a niños. Les contaban cuentos, cantaban canciones con ellos, calmaban sus miedos y los animaban. Los niños celebraban las fiestas, llevaban a cabo representaciones teatrales y formaban coros infantiles.
Los niños de los ghettos desempeñan un papel de singular importancia. Demuestran un heroísmo increíble al volverse pequeños "contrabandistas", y en muchas ocasiones, se vuelven ellos los que mantienen con vida a la familia, al traer a la casa un pan o unas papas.
Los niños se hacen sumamente creativos al expresar en canción y poema, dibujo o diario (Ana Frank, entre muchos otros) sus experiencias, sus temores, sus confusiones, protestas y también, sus tiernas creencias y esperanzas.
Es imposible en un breve ensayo describir a estos pequeños héroes; una enorme literatura surgió sobre los niños de los ghettos.
Una sagrada hoja en la historia del Holocausto fue escrita por los maestros. Cuando las "acciones" en los ghettos seguían sistemáticamente, y sin cesar, más y más niños quedaban solos. Los maestros juntaban a "sus niños" y se convertían en madres y padres. No los dejaban solos y desesperados. Hasta el último momento les daban ánimos y los consolaban. En la obscura noche del ghetto, les platicaban de una clara mañana. ("Di Lererin Mire" de A. Sutzkewer). Muchos de estos maestros hubieran podido salvar su propia vida, pero rehusaron abandonar a los niños, y junto con ellos, entraron en los trenes que los llevaron a la muerte. (Dr. Janusz Korczak).
En los ghettos funcionaban imprentas legales e ilegales: sacaban periódicos, se publicaban avisos, informes, y al final, declaraciones y llamados al levantamiento.
Se publicaron, ilegalmente, hasta libros y folletos. Existían círculos de estudio y cursos. En un tiempo funcionaba ilegalmente en el ghetto de Varsovia, una escuela secundaria que repartió diploma a los graduados. Uno de los folletos, sacado por "Ejalutz", tenía como título "Angustia y valor a la luz de la historia judía", título que le queda extraordinariamente a todo este rollo de pergamino de sufrimiento y valor que se desarrolló entre los muros del ghetto.
En el ghetto funcionaban teatros: obras de sátira, donde con amarga risa se burlaban de su propio destino; obras humorísticas que pretendían, en los momentos más trágicos, sacar una sonrisa; obras líricas que querían trasladar al público, por una hora o dos, a un mundo bueno y bello.
En el ghetto se desarrolló una inmensa creatividad en el campo literario. No solamente autores y poetas profesionales escribían y creaban. Mucha gente, que antes jamás tomó una pluma en las manos, empezó a demostrar un increíble talento: jóvenes y viejos, niños y adultos, mujeres y hombres expresaron sus sentimientos, sus horrendas experiencias en palabra y canto. Hay cientos, cientos de documentos, archivos, diarios, relatos, poemas y canciones que fueron escritos en cada uno de los ghettos. La canción, el proverbio, el chiste agudo acompañaron al judío cuando iba al trabajo, cuando estaba en la cola para recibir su porción de sopa, y cuando estaba escondido en el "bunker".
Es importante enfatizar el hecho de que a pesar del desorden y suciedad, del horror y terror del ghetto, eran contados los casos de asesinato o suicidio, de robo o violación. Al contrario, con sus últimas y débiles fuerzas, los judíos cuidaron su moral y mantuvieron la pureza de su espíritu.
Para completar esta odisea de resistencia contra la deshumanización hasta el último momento de la vida, vamos a ver una imagen de un campo de concentración "donde todas las circunstancias conspiran para conseguir que el prisionero pierda sus asideros" (Víctor Frankl: "El hombre en busca de sentido").
En Buchenwald llegó un transporte de cerca de mil niños y jóvenes. Los veteranos "katzet-niks" falsificaron inmediatamente las edades de los niños al inscribirlos para el trabajo. Un niño de 6 ó 7 años ya traía consigo unas "experiencias" de un par de años, que lo volvió viejo sin haber sido niño.
Después de ver su bienestar físico, los prisioneros veteranos, empezaron a ver, a preocuparse, por el bienestar espiritual de los niños. Empezaron a estudiar con ellos el "alef-beit" (alfabeto hebreo), leer y escribir idish e historia judía. Esto, lo que pasó allí, pertenece a uno de los capítulos más bellos y extraordinarios de nuestra trágica historia. Las dificultades para llevar a cabo esta acción fueron muchas. En primer lugar, tenían que encontrar a la gente apropiada para este trabajo. Uno de ellos fue Mordechai Shtrigler, quien llegó con el transporte de Skarszisk. Se le llamaba "Motele" un "Ishive bojer" y además, era poeta. A él se le asignó la enseñanza de los niños. *
En el campo se encontraba un violinista llamado Brand, quien logró, a escondidas, meter su violín en Buchenwald. El recordaba de memoria, un sin fin de melodías judías, así que fue él, el que enseñó a los niños a tocar y a cantar. Meir Gottlieb preparó con ellos funciones teatrales, basadas en episodios de la historia judía.
Los niños aprendieron sin libros, todo de memoria, inclusive tratados enteros sobre la literatura.
Los niños estaban sentados, agachados, en sus literas, porque encima de éstas, habían otras. Estaban sentados con las caras hacia el pizarrón provisional, hecho de madera que habían encontrado, y que pintaron de negro. Junto al pizarrón, estaba el maestro. Cada niño recibía un pequeño pedazo de papel, cortado de un costal de cemento. Escribían con un pedacito de lápiz. Después de cada clase tenían que quemar los pedazos de papel y esconder el lapicito.
A los niños se les cuidaba como a un tesoro.
Los sobrevivientes viven hoy en día en Israel y en los Estados Unidos. Muchos de ellos se han destacado en prominentes posiciones. Al hablar de resistencia judía durante el Holocausto, recordamos con gran tristeza y enorme orgullo, ésta, la más noble y trágica de las resistencias: la resistencia a la deshumanización.




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