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27/09/2017
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La saga de los Mexicas

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La saga de los Mexicas


Por: Sara Krongold

En Israel hemos visto uno o dos museos pequeños, adjuntos al lugar arqueológico o histórico que ilustran. Eso de ningún modo quiere decir que ese tipo de muestras no existan en otros lugares del mundo y desde luego en México, el país de los sitios arqueológicos por excelencia.
En Machu Pichu, Perú, casi no se encuentran ruinas originales, son prácticamente reconstruidas. Giza, Sakara, etc. en Egipto, además de las pirámides que como se recordará, hacían el papel de moradas de los faraones en el más allá, como las del famoso Tutankamen, con sus señales crípticas, ubicación de los aposentos secretos y el cómo acceder a ellos, a últimas fechas han despertado de nueva cuenta gran interés en el Valle de los Reyes, pues en la de Ramsés II -que reinó 60 años en Egipto- se considera que a otro nivel de la misma, reposan sus 50 hijos.
Pero la magia que nos legaron con las pirámides tantos pueblos indígenas en México, sobrepasa a todo. En algunos casos también eran lugares del sueño eterno de emperadores notables, pero la mayoría eran lugares de culto y veneración. La cultura de los Mexicas en Tenochtitlan, alentó en lugares centrales que ahora ocupa nuestra ciudad capital.
Sorprendente en su modernismo y concepción es el Museo del Templo Mayor, adjunto a las excavaciones del mismo nombre, con un perímetro bastante espacioso. Cerca del Zócalo o Plaza de la Constitución, converge un panorama o visión, donde coinciden el México de nuestros días, el precolombino y el de la conquista o colonial. Este importante lugar de la ciudad, bulle de vida con viajeros de provincia, turistas, ciudadanos que viven o trabajan por los contornos y habitantes de la metrópoli de otras áreas de su extensa geografía. Por cierto que llama la atención que en la verja de la entrada principal de Catedral que colinda casi con el templo, están colgados unos rótulos antisemitas, ponzoñosos y nada edificantes.
Pero continuando con este reportaje, se observa que las excavaciones están totalmente terminadas, algunas muestran partes originales y otras están retocadas. Es toda una aventura a la que conducen corredores de asbesto y cemento, reforzados de fierro y escalones en varios niveles. Es una especie de laberinto bajo el sol y a la vista citadina.
En el ambiente descrito aparece entreverado, un trecho de acueducto reconstruido en ladrillo rojo, que continúa debajo de la calle Justo Sierra. Estas ruinas que empezaron a excavarse en 1978, arrojan una idea bastante clara de la imagen del Templo Mayor, que al pasar el tiempo dentro de la civilización mexica-azteca, fue ampliándose y superponiéndose, según cuentan las crónicas.
El contenido del museo nuevo -adjunto a las ruinas es una saga de la vida de los mexicas. La agricultura, así como la guerra, eran parte de su modus vivendi. Su poderío y riqueza se genera por tributos que recibían de vecinos avasallados. Una forma de pagar los tributos era en especie, cada veinte u ochenta días. Estos consistían en mantas, piedras, plumas, metales, etc. y los lugares tributarios también servían de maquiladoras.
En las ruinas aparecen restos de serpientes sagradas, mismas que se han encontrado con longitud de hasta seis metros, esculpidas en obsidiana o barro. Por cierto que Coatepec, se llama el Cerro de las Serpientes. En el primer piso del magnífico museo, existe un gran disco de barro claro que representa la historia-leyenda de la Coyolxauhqui -diosa de la luna- quien al enterarse de que su madre la diosa Coatlicue está embarazada, se une a sus 400 hermanos (las estrellas) para vengar su rivalidad y celos familiares. Pero nace el hijo de la diosa llamado Huitzilopochtli quien defiende a su madre, decapita y arroja por la montaña a Coyolxauhqui quedando desmembrado su cuerpo. Recordamos que Huitzilopochtli fue el dios patrono de los mexicas.
Los mexicas construyeron un edificio y recinto a Tláloc -dios de la lluvia- donde se encontraba un Chac-Mol policromado, mismo que está a la vista del público en la zona de ruinas y una réplica muy bien imitada con ricos colores, se exhibe en el cuarto nivel del museo. El original de esta pieza se registra como la pieza más antigua (1350 d.c).
Según la división convencional para el conteo de las ruinas excavadas, la última ampliación del Templo Mayor se sitúa en la etapa séptima, creciendo sólo en altura ese recinto ceremonial de Tenochtitlan. En los aposentos interiores se encontraba la morada del Caballero Águila y el templo se calcula tenía 45 metros de altura -la actual Catedral llega a 60 mts.- La ampliación a cargo del emperador Moctezuma (1440-1469 d.c.) convirtió a Tenochtitlan en centro de gloria y a la vez de opresión para los que perdían la guerra.
La urbe estaba dividida en cuatro barrios, constituyéndose en la parte central el Templo Mayor (morada de Huitzilopochtli. En el año Caña II -según las cuentas de los mexicas (1325 d.c.) se promulgaron leyes de guerra y las prácticas de sacrificios humanos tenían como objetivo aplacar a los dioses. Estos sacrificios recaían principalmente en los prisioneros de guerra, quienes se sujetaban a reglamentos mutuos (vencedores y vencidos) de acuerdo a señales y augurios aceptados, por ello algunos eran indultados, tomando en cuenta también su valentía y coraje. En estos últimos casos se les llenaba de honores.
La historia del Templo Mayor se entreteje en los años cercanos a la conquista y se acostumbraba que el techo de una construcción servía para fabricar otra. Esa costumbre o modalidad, curiosamente también la practicaron los conquistadores españoles para erradicar las deidades indígenas e imponer su religión. En aquellos tiempos y hasta nuestra fecha, lamentablemente nadie titubea en usar la violencia en vez de respetarse mutuamente.
Encontramos en otras salas escenas hogareñas ilustradas con figuras de tamaño natural, acerca de la vida cotidiana entre los mexicas y varias representaciones de Tláloc. También existe un mirador sincronizado con el disco de la Coyolxauhqui, para una mejor observación; además se exhiben muestras de la flora y fauna de esa esplendorosa época, claramente señalada y explicada en grandes vitrinas.
En otros niveles se muestran esculturas de los Caballeros Águila, Tigre y la muy bella de un Águila, pieza relacionada con la identidad mexica, cuyo plumaje es muy especial, pues es más grueso en la parte del cuerpo y sumamente fino en la cabeza. Esa pieza tiene un receptáculo o cavidad para fines ceremoniales.
También podemos encontrar en la planta baja -a un lado del gran vestíbulo- un despliegue de gruesos tomos que describen las aventuras y hallazgos de los exploradores portugueses, españoles, franceses, ingleses, etc. del México posterior a la conquista.
Al terminar el recorrido al Templo Mayor, el visitante puede contemplar en la puerta principal de entrada, una gran maqueta a escala, que muestra la Tenochtitlan de aquellos gloriosos días.




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