La Sinagoga de Florencia P1 y P2 - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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La Sinagoga de Florencia P1 y P2

Colección y Consulta

La Sinagoga de Florencia
(Primera Parte)


Por: Jacobo Contente



En un viaje reciente a Europa, tuvimos la oportunidad de constatar -lo que ya por muchos artículos y gráficas sabíamos- sobre la imponente construcción que la comunidad judía de Florencia realizó en el año de 1882.
En esta visita emergieron muchos detalles y muchos pensamientos sobre el constante movimiento de las comunidades judías en todo el mundo, pues no obstante haber sido una de las más importantes sedes del judaísmo en su época, en la actualidad consta únicamente de unas 200 personas y un grupo similar de benefactores que la sostienen desde Canadá y Estados Unidos.

El inmueble fue concebido por los arquitectos Marcos Treves, Mariano Falcini y Vincenzo Micheli y es uno de los ejemplos más significativos de un templo monumental en el cual la elección de un estilo exótico, en este caso el morisco, está conducida con extraordinario equilibrio y armonía.
No cabe duda que mucho del proyecto está inspirado en la Iglesia de Santa Sofía en Constantinopla -clásico ejemplo de arquitectura bizantina- pues presenta al centro una cúpula a tambor, bóvedas en cañón situadas sobre los cuatro brazos iguales que culminan en cuatro tímpanos (especie de minaretes) en forma octagonal. Las ventanas y los arcos internos y externos, están hechas siguiendo el modelo arábigo a arco de herradura, que le confiere un sugestivo efecto morisco.
Antes de visitarla, teníamos la idea de un interior demasiado recargado con materiales que bien pudieran ser azulejos o madera; para nuestra sorpresa la decoración resultó excepcional por su exuberancia, a diferencia que están totalmente pintados al fresco. Dicha ornamenta recuerda en mucho la sinagoga «El Tránsito» de Toledo.
No todo resultó mármol, yeso y pintura, pues existen notables dinteles hechos en madera y bronce y vidrios policromos en las ventanas. Algo que nos dejó realmente maravillados, fue el magnífico Aron-ha-Codesh (Arca) con columnas de mármol negro y una rica decoración de mosaicos dorados.
Seguramente muchos de nuestros lectores ya la han visitado, por lo que deseamos hacer una pequeña historia de lo que esta comunidad logró y que afortunadamente ha perdurado para nuestro deleite.
Es muy posible que la presencia judía en Florencia existió desde la época romana, pero sólo desde el siglo XIV, se encuentran los primeros documentos sobre los judíos en el otrora territorio de la República Florentina. En 1428 en esa localidad se hizo un Congreso judío con el fin de recoger fondos de todas las comunidades italianas, para pedir la protección del Papa contra los sentimientos antisemitas provocados por el predicar de algunos sacerdotes.
Aunque desde 1396 se había autorizado el admitir judíos a Florencia, fue hasta 1430 que el primer grupo hebraico fue oficialmente llamado por esa República, invitados además para dedicarse a préstamos sobre prenda. Los magistrados florentinos que dictaron esta ley no se avergonzaron al declarar, que esta medida había sido indispensable, para levantar a los pobres de la usura practicada por los cristianos.
A los judíos que luego llegaron a la ciudad, les fueron garantizados derechos y privilegios que les permitió, no obstante la hostilidad del clero, una existencia tranquila durante muchos años. Lamentablemente las luchas entre las sectas en las que se dividía la ciudad (sostenedores y enemigos de la familia Médicis) acciones que repercutieron en la vida de la comunidad judía, existiendo varias expulsiones y admisiones, según prevalecieran los adversarios o los amigos de esa poderosa familia.
Después de haber sido aprobado un decreto de expulsión que vencía en abril de 1497, expedido por Carlos VIII, los judíos de Florencia obtuvieron, luego de otorgar un préstamo sin intereses a favor de la República Florentina, la autorización para quedarse en la ciudad.
Fue hasta 1551 que un Médicis, aconsejado por Jacob Abravanel, un judío que vivió primero en Nápoles y después en Ferrara, que fue publicada una extensa lista de privilegios que comprendía a griegos, turcos, moros, armenios, persas y judíos, en los cuales se garantizaban concesiones y privilegios comerciales para todos los orientales que se hubieran establecido en territorio del Estado. Gracias a este decreto, se empezó a levantar una verdadera comunidad de judíos florentinos de origen sefaradí.
Cosimo I en 1571, convertido en Gran Duque de Toscana, aceptando una orden del Papa, dispuso la creación de un ghetto para los judíos en una zona del actual centro histórico. En el interior los moradores desarrollaban su propia vida religiosa, social y cultural; poseían dos sinagogas, una de ellas con rito italiano y la otra con rito sefaradí o levantino. Contaban también con escuelas, carnicería kasher, panadería, baño ritual y numerosas instituciones de asistencia y beneficencia.
La comunidad elegía a un consejo de 18 miembros entre los cuales se nombraban tres (Massari) que tenían el poder supremo en la comunidad. Existía un tribunal rabínico para todas las cuestiones legales y eran aceptadas sus decisiones por la autoridad civil, a excepción de los que mediaba una pena capital. En esa época y más específicamente en 1629, fueron ampliados ulteriores privilegios que se reflejaron además en las pequeñas comunidades de Pisa y Livorno.
Cuando Napoleón conquistó Toscana y llevó la emancipación civil a los judíos de Florencia, la condición de ellos, al contrario de lo que ocurría en otros países europeos, no mejoró más que en una pequeña parte. Fue igualmente penoso para los judíos, en el momento de la restauración (1815), volver a ser encerrados en el ghetto que fue definitivamente abierto en 1848.

Continuará...




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