Los Alquimistas - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Los Alquimistas

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Los alquimistas


Por: Magdala


El trabajo de los alquimistas en la Edad Media floreció junto a los avances de la óptica, las matemáticas y la astronomía, que a la larga resultarían beneficiosos para la humanidad. Entre los alquimistas había científicos de talento y charlatanes; su sueño era hallar una sustancia milagrosa llamada piedra filosofal o gran elixir, capaz de transmutar un metal común en oro, además de conferir la inmortalidad a su dueño. Se pensaba que sólo quienes se hallaban en estado de gracia o plenamente identificados con la armonía de la naturaleza podrían descubrirla.

En esta época cuando no era aplicable la distinción entre «ciencia» y «magia», los alquimistas utilizaron un lenguaje plagado de metáforas y alegorías para ocultar sus secretos. Ninguno logró descubrir la piedra filosofal, aunque tal vez haya una posible excepción, la del francés Nicolás Flamel, quien según su relato y los de otras personas dignas de toda confianza, conservados en la Biblioteca Nacional de París, fabricó la piedra en 1382 y la utilizó para transmutar plomo en plata y mercurio en oro.
Flamel nació hacia 1330 probablemente en Pontoise, al norte de París. Ejerció de escribano público en una caseta cercana a la iglesia de Saint Jacques-la-Boucherie en París, donde enseñaba a los nobles a firmar. También tenía un floreciente negocio de producción de manuscritos iluminados y libros religiosos. Una noche tuvo un sueño extraño en el que se le apareció un ángel sosteniendo un libro y le dijo que lo leyese, sin embargo cuando alargó las manos para tomarlo, la visión desapareció.
Fue un sueño profético pues en 1357 ofrecieron a Flamel un libro en el que reconoció el de su sueño. Este antiguo volumen se titulaba «El libro de Abraham el Judío». Descubrió en seguida que había en él fórmulas para transmutar metales, pero fue incapaz de interpretar sus extraños símbolos. También el libro contenía una maldición contra todo aquel que lo leyese, excepto clérigos y escribanos. Flamel se sintió a salvo y consultó a los alquimistas, pero sin resultado.
Comprendió que su única esperanza era encontrar un judío capaz de entender el libro (1378) lo cual no era fácil pues los judíos habían sido perseguidos y en su mayoría expulsados de Francia. No obstante, consiguió dar con un anciano judío converso llamado maese Canches, quien al examinar el libro sintió una gran excitación. Afirmó que era el libro perdido de la cábala (filosofía mística basada en antiguas escrituras y desarrollada por los rabinos). Empezó a explicarle los misteriosos símbolos, pero no había terminado cuando enfermó y murió.
Sin embargo, Flamel había aprendido lo suficiente para arrancar al libro el secreto de la piedra filosofal y tres años después, el 17 de enero de 1382, consiguió elaborar una sustancia a la que llamó elixir blanco y que, añadida al plomo fundido, lo transmutaba en plata pura. Tres meses más tarde Flamel obtuvo un elixir rojo, que añadió al mercurio para producir oro.
Realizó varias transmutaciones más y al parecer amasó oro suficiente para fundar 14 hospitales, construir 3 capillas, hacer donaciones a siete iglesias y llevar a cabo otras muchas obras de caridad. Como alquimista, filántropo y hombre de letras adquirió fama considerable. Murió en 1417. Algún tiempo después su casa y su tumba fueron saqueadas por personas que buscaban la piedra filosofal.
¿Triunfó Flamel donde otros -antes y después- fracasaron? ¿Estaba esa búsqueda condenada al fracaso desde su inicio? Si descubrió la piedra filosofal, desde luego que no le confirió la inmortalidad a pesar de quienes afirmaron haberlo visto en la ópera de París en 1761. La iglesia en donde fue sepultado ha sido demolida, pero puede verse su lápida en el Museo de Cluny, en París.
Documentos de la Biblioteca Nacional demuestran que hizo las donaciones caritativas que se le atribuyeron, aunque sus negocios pudieron proporcionarle ganancias suficientes para ello. Pero ¿qué sucedió al Libro de Abraham el Judío? Se lo legó a su sobrino, y unos 200 años después vino a manos del cardenal francés Richelieu, quien, al no disponer de un maese Canches, no pudo interpretar sus extraños símbolos y poco después de la muerte de Richelieu se perdió.
Los científicos modernos no conocen ningún método por el que se pueda transformar el plomo en plata o el mercurio en oro, a menos que se utilicen aceleradores de partículas y reactores nucleares. En otras palabras ignoran cualquier procedimiento por el que Flamel, utilizando los escasos conocimientos científicos de que disponía al respecto, pudiese conseguir semejante resultado.
Sin embargo él mismo parecía estar absolutamente convencido de su éxito. Quizá el verdadero secreto de Flamel radicase, como aseguran sus críticos, en su habilidad de estafador.




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