Los judíos "de nación y profesión" - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Los judíos "de nación y profesión"

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Los judíos "de nación y profesión"

Por: Clarisse Meschoulam


Bastantes conversos siguieron siendo judíos en su foro íntimo e incluso no pocos renunciaron al cristianismo y volvieron de modo oficial a su antigua fe. Aún era mayor la confusión en el sentir popular, al llamar "judío" a todo el que tuviera un remoto antecedente de tales.
Después del 31 de julio de 1492 la estancia de los judíos en España era  ilegal. Muchos volvieron pidiendo el bautismo; y recuperando sus bienes. El 5  de septiembre de 1499 un edicto real comenzó con pena de muerte a los que  entrasen en España, a menos que fuera con certificado de haber recibido el  bautismo, o con intención de hacerlo. Desde entonces se anuló en España la presencia de judíos "de nación y profesión". Judíos auténticos de raza y religión, no conversos españoles ni marranos portugueses.



En su monumental obra Don Julio Caro Baroja escribe:
"Muchos eran los judíos que se bautizaban en el siglo XVII viniendo de las juderías sefarditas del norte de África y del Mediterráneo Oriental". Cita Don Julio varios casos como el de:
Jacobo Crudo, judío de nación que pasó a la corte con licencia del marqués de Villarreal, capitán general de Ceuta y con cartas del duque de Medinaceli. "Anda en hábito de cristiano y esto ha dado mucho escándalo. Hubo que mandarle que se volviese cristiano donde no, que se pusiese hábito de judío y saliese de este reino".
La inquisición lo hizo encarcelar aunque dos meses después llegó un compañero suyo Abraham Villalón residente en Lisboa, que traía para él unas cartas del gobernador de Ceuta. Esto no evitó la cárcel y nunca se supo si ellos dos fueron expulsados o matados.
Todo esto continuó desde 1500 hasta 1600 y más; había muchos que creían escaparse del bautismo y permanecer en España, pero a pesar de tener cualquier clase de certificado ese era encontrado falso. Los inquisidores de Sevilla dijeron:
"Cualquier judío aislado que se arriesgase a entrar a España con libros litúrgicos, sería expulsado a menos que fuese bautizado".
Habla la inquisición de Sevilla de Domingo Núñez: "Ha sido uno de los mayores judíos que ha tenido la inquisición, y que ha testificado de ser trajinador de judíos".
La posesión por España de Ceuta y Orán era una entrada para judíos. Ahí estaba permitida su residencia. En 1645 se presentaron en Valencia dos judíos de Orán con licencia del gobernador; los inquisidores pidieron instrucciones a Madrid; aquellos judíos decía ir a negocios particulares, se le consultó al Rey en la corte y la respuesta fue que los dos judíos volviesen de inmediato a Orán.
De estos casos hubo también uno bien conocido de Don Lope de Vera, pues no se trataba de un judío de raza. La singularidad del hecho estriba en que era un cristiano viejo. Hijo de un Hidalgo de San Clemente Cuenca, estudió en Salamanca y pronto se hizo notar por su carácter y sus tendencias al misticismo. Se dedicó al estudio de la Biblia y la religión hebraica. Con gran asombro de todos sus conocidos comenzó a declararse judío y a hacer proselitismo. Encerrado por la inquisición de Valladolid, se circuncidó él mismo y se mantuvo firme en su convicción. Hubo muchas personas deseosas de convencerle y salvarle la vida pero fue inútil y fue quemado en público en 1644. Su padre, regidor perpetuo y muy conocido en su pueblo natal, fue objeto de sospechas, de acusaciones sin fundamento.
En 1663 el Tribunal de Sevilla comunica que habían desembarcado en Cádiz, Tarifa y el Puerto de Santa María varios judíos, unos decían que venían a convertirse. Dudaba el Tribunal de la sinceridad de este deseo. Quedaron todos presos en Cádiz. Tres de ellos judíos de "nación" decían querer  convertirse, la inquisición de Sevilla expresaba a la Suprema su convicción de que no tenían tal intención, sino que era pretexto para no ser castigados después de una arribada y añadía:
"Siempre hemos tenido mal concepto de la venida de tales sujetos y les juzgamos efecto de los ardides y cautelas de la nación hebrea a la que tan expresamente tienen cerrada las leyes del reino".
Es cierto (y el caso de los "chuetas" lo confirma, así se les llamaba a los judíos en Mallorca), que en los casos de las familias que tenían en un pueblo mala opinión se prodigaban las muestras externas de religiosidad, pero ello no prueba que se trataba de judíos secretos. Lo que si es cierto es que alguna que otra vez llegaban a la sinagoga de Bayona y Burdeos para judaizar.
Don Francisco Pérez de Prado fue inquisidor de Sevilla desde 1746 hasta 1755. Publicó una campaña contra los judaizantes, que constaba de iniciar a las familias al cristianismo bautizando a los hijos y a las mujeres primero. Aquellas madres que tenían que iniciar a su hijo al cristianismo decían:
"¡Ay querido mío, si tú supieras, si tú supieras! Ven acá ¿no te han dicho tus padres un gran secreto que te tienen guardado para este tiempo?" Después de encargarles mucho el secreto les decían que eran descendientes del Patriarca Abraham y por ello de muy alto linaje. Como esta confidencia iba acompañada de amenazas y temores, y que si descubría tal secreto lo quemarían a él y a toda su familia, el niño después de esta ceremonia perdía la espontaneidad y la alegría, se volvía retraído y taciturno, inclinado a cautelas y mentiras.


Así vivían aquellos judíos de "Nación y Profesión" y "¿A esto llamáis juicio y discreción?".
¡Oh noche que guiaste
/ oh noche amable más que el alborada: oh noche que juntaste
/ Amado con amada,
/ Amada en el amado transformada.
Fray Luis de León.




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