Los trovadores y el amor *s - Intelecto Hebreo

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27/09/2017
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Los trovadores y el amor *s

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Los trovadores y el amor


Por: Magdala

Trova Sefaradí: Fragmento de   
"La Reina Jerifa Mora"

Los poetas trovadores de la Francia del siglo XII, podrían ser los responsables -para bien o para mal- de la imagen romántica del caballero de reluciente armadura siempre dispuesto a servir a su dama, imagen que ha llegado hasta nosotros a través de los siglos, a pesar de los esfuerzos de historiadores aguafiestas que afirman que en los tiempos medievales, ni la armadura, ni las encantadoras damas eran siempre tan inmaculadas.
La idea del "amor cortesano", heroico y generalmente no consumado, ganó crédito gracias a una persona que contribuyó más que ninguna otra a alentar ese culto, Leonor de Aquitania, esposa de Enrique II de Inglaterra.
El amour courtois (amor cortesano) medieval fue inspirado por una gran variedad de creencias y situaciones. Una muy importante fue el concepto místico del amor como una especie de enfermedad divina -idea que Europa adoptó probablemente del Islam a través de las Cruzadas y de la España musulmana- aunado al culto creciente a la Virgen María, que sustituyó la antigua idea de la mujer como pecaminosa descendiente de Eva, por una nueva imagen que la exaltaba.

Estas ideas radicales sobre la naturaleza del amor y de la mujer, ofrecían un marcado contraste con la realidad de la Europa Medieval, cuyo sistema feudal permitía a reyes y nobles condenar a sus mujeres a existencias lúgubres y sin amor; así que el amor cortesano nació para restablecer el equilibrio y restituir a las mujeres la adoración y la devoción que rara vez hallaban en el matrimonio.
Los trovadores del mediodía francés, eran poetas y músicos de muy diversa condición que, con sus versos y canciones, influían en los cortesanos y nobles a quienes divertían. Ellos expresaban sus anhelos, sus momentos de esperanza y alegría, su decisión de sacrificar vida y libertad por el favor de una dama y en defensa de su honor.
Aquitania, en el suroeste de Francia, patria de Leonor -la rica y pródiga tierra de aguas- era, la región más civilizada de Europa en el siglo XII y las mujeres eran tratadas con más respeto que en otros lugares. Leonor se crió en la corte de su abuelo el duque Guillermo IX, famoso mujeriego y poeta, quien alentaba el arte de los trovadores, y muchos de los mejores la tenían por destinataria de sus halagadoras rimas. Bernard de Ventadour fue el más célebre de sus cortejadores literarios y obediente al código de la caballería, nunca dedicó abiertamente sus canciones a la reina -tras su matrimonio con el impetuoso Enrique Plantagenet tampoco hubiera sido prudente hacerlo- pero no dejó duda de que la dama a la que llamaba mon aziman (mi imán) era Leonor.
La adoración platónica era un complicado juego. El trovador que idolatraba a su dama a discreta distancia, fingiendo desmayarse ante una mirada, no titubeaba en satisfacer su lascivia en otros lugares sin la menor ceremonia.
Los musulmanes se escandalizaron a menudo ante la desvergüenza de las mujeres que seguían a los ejércitos cristianos en los que abundaban los trovadores que hacían protestas de fidelidad espiritual a diosas lejanas.
Por cínica o hipócrita que pueda haber sido, la exaltación de la feminidad por estos poetas, abrió un mundo nuevo a la literatura europea. La hija de Leonor,




Marie de Champagne, animó al poeta francés Chrétien de Troyes a narrar las leyendas del ciclo artúrico al estilo del amor cortesano, de tal suerte que las historias que todos conocemos acerca de Lanzarote, Ginebra, la búsqueda del Santo Grial y tantas otras, serían muy diferentes de no haber sido pintadas con colores trovadorescos. Petrarca inmortalizó a su Laura y Dante a su Beatriz en el espíritu del amor cortesano, y cientos de años más tarde, este mismo espíritu latiría una vez más en la poesía romántica del siglo pasado.
La palabra "trovador" procede de la antigua lengua provenzal; trovar significa "encontrar" en el sentido de inventar versos y melodías. El provenzal (mezcla de italiano, español y francés medievales) se habló originariamente en Provenza y otros lugares del sur de Francia y gracias al arte de los trovadores se extendió por gran parte de Europa Occidental, convirtiéndose -por algún tiempo- en lengua internacional a la que sólo superaba el latín.
Los trovadores hicieron del galanteo un rito y como todos los ritos, el suyo tenía un vocabulario especial para definir las distintas fases de la adoración ceremonial. El inicio era el  fegnedor, cuando el aspirante a amante contemplaba mudo a su dama desde lejos. Venía después el precador, cuando le declaraba sus sentimientos. Con el entendedor era aceptado como cortejador de la dama. La etapa final, el drut, veía, al menos en teoría, la consumación de su amor.
Existía también la tenson, un tipo especial de debate o competencia entre trovadores sobre los méritos de sus versos. El famoso torneo de canciones de la ópera de Wagner "Tannhäuser" y los actuales festivales de música galeses se inspiran en parte en las tensons.





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