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27/09/2017
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Museo Casa de León Trotsky

Colección y Consulta

Museo Casa de León Trotsky


Por: Sara Krongold

Este museo tiene un profundo contenido que determinó en buena parte la historia del Siglo XX, con hechos sangrientos de convulsiones políticas. Podríamos decir que los sucesos representan también la eterna lucha por el poder no resuelto en nuestras sociedades actuales y con mayor carencia de principios y saña en otras épocas.
El piolet que Jacques Mornard (tuvo cuatro alias y sólo los expertos saben cual fue su verdadero nombre) llevaba dentro del forro de su abrigo, el famoso piolet que en la escenificación de los hechos aparece como el personaje invisible, en el tercer intento que segó la vida del famoso intelectual y político.

También después de tres intentos ante el Ing. Eduardo Hay, Secretario de Relaciones Exteriores en 1936, por parte del Presidente, General Lázaro Cárdenas, solicitándole otorgar asilo político a Trotsky, por medio de un expresivo y urgente telegrama, el Ing. Hay aceptó. El Presidente, respetuoso, no quiso pasar por encima de la autoridad del Canciller. Antes de llegar a México los Trotsky recibieron asilo en una isla de Turquía; luego en Francia; y por último en Noruega.

A su llegada al país la pareja Trotsky vivió con Diego Rivera y Frida Kahlo, en la llamada Casa Azul, actualmente el Museo Frida Kahlo. Al surgir diferencias entre Trotsky y Diego por motivos de tipo político, en que estaban involucrados el General Múgica, el pintor Juan O'Gorman y la Cuarta Internacional, con sede en Nueva York, que no es el momento de analizar, Natalia y León Trotsky se fueron a vivir a la casa que es actualmente su museo.
Al museo propiamente, inaugurado en 1990 por el en aquel entonces Regente de la ciudad, Manuel Camacho Solís, se accede por un anexo construido en esas fechas, donde hay una surtida librería y centro cultural, que se ocupa de funciones de cine, teatro y música.
Entre otros anuncian el teatro de Sabina Berman, sobre el tema de Trotsky. Nos tocó ver la puesta en escena de una parte del Espectáculo Poético Musical basado en la obra de Rubén Bonifaz Ñuño.
La casa museo propiamente dicha, habitada por los Trotsky, entrando a mano izquierda, está bastante disimulada por la vegetación del jardín. Se nota como las medidas de seguridad, después de los frustrados atentados, se traducen en que una gran ventana frontal la redujeron notablemente de tamaño. Un balcón del que se disparó casa adentro fue removido. Además los postigos de dos ventanas que se miraban una a la otra, de la recámara, que eran de madera, los instalaron de fierro. Los tocamos con un sentimiento de horror. Fuimos invadidos por la tristeza, que todavía persiste.
La casa en cuestión fue construida en 1903 por la familia Turatti y ocupa un espacio de poco menos de mil quinientos metros cuadrados. En 1914, desde su torre, se vigilaba el movimiento de tropas revolucionarias. Venustiano Carranza condecoró a la familia Turatti, que tenía una industria de lentes de aumento, por haberle prestado esa valiosa ayuda.
En tiempos de Trotsky, a partir de mayo de 1936, había policía, que cuidaba el lugar hacia diferentes direcciones, por medio de tres torres de vigía. Aunque la entrada del anexo a que nos referimos se encuentra en Río Churubusco 410, Colonia del Carmen, las torretas de vigilancia dan a la calle de Viena y otra de la misma colonia, que parece pueblito, en ese mediodía dominical.

De la casa museo se retiraron todos los cuadros de valor artístico, para hacerla parecer más sobria y austera. Mas los Trotsky tenían un medio de subsistencia decoroso, ya que Don León guardaba relaciones internacionales y escribía artículos que le eran remunerados. Natalia, según cuentan, era cálida e invitaba a los vigilantes o policías, a comer a su casa. Para poder darse a basto con tantos invitados en general, había dos cocineras mexicanas.










Trotsky tenía el hobby de crianza de gallinas de Guinea, conejos, además le gustaba cuidar el jardín personalmente. Después del asesinato de Trotsky, Natalia todavía se quedó a vivir en la misma casa por un tiempo. Más adelante se trasladó a Francia, donde falleció de cáncer a los 82 años de edad. Era muy activa y mientras vivió en México se dedicó a estudiar antropología y botánica. Admiraba mucho la flora mexicana.
En la casa también vivía un nieto de los Trotsky, Seva Volkov (nos dijeron que sigue habitando entre nosotros, México) quien llegó en octubre de 1939. Cuando uno de los fallidos atentados -por parte de Siqueiros y los Arenal- el adolescente, de 12 años, se escondió debajo de la cama y sólo recibió una herida leve. Trotsky tuvo dos hijas de un matrimonio anterior y luego dos hijos con Natalia. Todos malogrados por azares del destino y la época azarosa.
La casa tenía un muro alto, lleno de vegetación que fue elevado aún más por la cuestión de seguridad. La entrada principal, una verja grande fue clausurada por las mismas razones. En la esquina, una puerta tapiada que llevaba a un recinto, aparece una placa que dice: In Memory of Robert Sheldon Harte 1915-1946 Murdered by Stalin. Había sospechas que ese personaje estaba involucrado en los atentados, pero Trotsky siempre lo defendió, sosteniendo que le fue leal. El mismo mandó hacer la placa.
En lo que fue jardín y actualmente también lo es, pero empobrecido, hay magueyes, un platanal grande y otras plantas comunes. En el jardín un pequeño y sencillo monumento, señalando el lugar donde están guardadas las cenizas de Trotsky, para preservarlas de accidentes que pudieran surgir.
En un rincón, entre el anexo y salida al jardín, presentan una maqueta muy detallada de como era la casa originalmente. Muy bonita y bien trazada, con sus brillantes colores tirando a terracota, en todo su esplendor, cuando la habitaban los Turatti. El precio de la venta fue menos de 18,000 pesos.
En la biblioteca-recámara de Trotsky, había una especie de camastro, para descansar del trabajo intelectual. Quedan algunos volúmenes a la rústica. Trotsky, aparte de los idiomas que hablaba, quería aprender el yidish y hasta el chino. El acervo principal de su biblioteca fue enviado a la Universidad de Harvard. Para aquella época ya contaba con un dictáfono rudimentario, que usaba.
Intentó en varias ocasiones asilarse en Estados Unidos -Nueva York-. Dos veces recibió negativas. A la tercera, en que le informaron que lo aceptaban, ya había fallecido. Incluso sobre los atentados, hay dos versiones de cada uno. Las paredes parecen cribas por las balas, mas el resultado final fue el mismo.
Nos costó esfuerzo y voluntad las varias horas que pasamos en el museo. Sin sentir fascinación alguna, sino una gran tristeza, penetramos a una melancólica dimensión, pero muy filosófica, sobre cómo la desmedida ambición de poder y el fanatismo motivan a los hombres a cometer actos de maldad increíbles.




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