Sefaraditas // Romaniotes - Intelecto Hebreo

Son las:
04/07/2018
Vaya al Contenido

Menu Principal:

Sefaraditas // Romaniotes

Colección y Consulta

Sefaraditas // Romaniotes
Historias Encontradas

Por: Julio Algazi

Este es un relato de un hecho histórico que conocí de manera casual. Se dice frecuentemente que: "En el lugar menos pensado salta la liebre" y esta mención histórica la encontré mientras leía -sólo por curiosidad y a la vez por el gusto del buen comer- un libro de recetas de la cocina Greco-Sefaradí.

Debo confesar que nunca antes había leído o escuché mencionar algo acerca de los judíos ROMANIOTES y es realmente muy limitada la información que, al momento de escribir este artículo, he podido obtener. Investigué en muy diversas Enciclopedias; en libros de historias especializados; pregunté a alguno que otro amigo o conocido que quizás pudieran ayudarme y así descorrer el velo de ese sector del pueblo judío.
Sólo encontré muy poca información, ya que de manera somera, casi incidentalmente se menciona a los ROMANIOTES. Casi nada profundo pero, a pesar de eso, me decidí a compartir un capítulo de nuestra historia que me parece digno de ser conocido.
A manera de prólogo, se debe recorrer parte de la historia de los judíos sefaraditas a partir de su establecimiento en España y Portugal, hasta su forzado exilio en las postrimerías del Siglo XV, para encontrarse en la historia con la otra rama del judaísmo conocida como los ¡ROMANIOTES!
De forma concluyente no es posible afirmar cuando comenzó a poblarse de judíos la Península Ibérica. Muchas son las deducciones y más las conjeturas, de manera que optamos por aceptar que esto sucedió hace más de 20 siglos, por los hallazgos de unas tumbas en que se mencionan a Amaziaj, Rey de Judea y en otra a Adonram, Tesorero del Rey Salomón en los alrededores de 900 a.c. Lo que es innegable es que fueron muchos los siglos transcurridos y que también fueron muchos los que a lo largo de estos siglos dominaron Hispania: Fenicios, Cartagineses, Visigodos, Romanos, Árabes, Almohades, Bereberes y Cristianos.
Es a partir del exilio Babilónico, a la caída de Jerusalem a manos de las fuerzas de Nabucodonosor II en el año 586 a.c. que ya empieza a darse una más formal población de judíos en España trayendo consigo su inalterable Fe y preceptos contenidos en su Torah y sus Mandamientos y cuando ya se asentaron no excluyeron de sus recuerdos la pérdida de Jerusalem y la influencia de su vida en Babilonia.
Mientras vivieron en Babilonia añoraron por la patria perdida y resintieron la humillación de la derrota, buscando siempre el retorno, como se refleja en el Salmo 137 en que con un lastimero y tierno pregón el autor desconocido escribió "A orillas de los ríos de Babilonia nos sentamos y lloramos al recordar a Sión…" para después agregar "¿Cómo podríamos cantar una canción al Eterno sobre una tierra extraña…?" "Si me olvidara de ti Oh Jerusalem, que mi diestra se paralice"…
Fue en Babilonia donde se dictaron los cánones del Talmud, preconizado por los Rabinos Ezrá y Nejemías, base y sustento de la vida religiosa y cívica de la Diáspora, que sería en adelante la regla de vida de los pobladores judíos en Sefarad, donde su permanencia fue milenaria, formando con resolución su propia identidad. Transcurrieron siglos de sombras y luces, trabajaron, lucharon y lo que es más importante crearon su propia condición de pueblo inmortal.
Rabinos, Filósofos, Matemáticos, Astrónomos, Médicos, Financieros, Estadistas, Poetas, Traductores, Cartógrafos, destacando, tanto en su propio pueblo como hacia el exterior, dieron su insigne contribución para mantener indisoluble la condición de las masas judías. Tanto el pueblo, el artesano, el peón, el hombre de campo y el hombre común de los villorios, pueblos y ciudades, a la par que los hombres prominente, mantuvieron la herencia y la perpetuaron por los siglos de los siglos hasta nuestros días.
Y al salir de España y Portugal, los sefaraditas llevaron sólo sus pocas pertenencias y todo un caudal de memorias y añoranzas. Sus riquezas materiales quedaron atrás, les fueron despojadas, más no pudieron arrebatarles sus tesoros culturales. Llevaron consigo su propio lenguaje: el Ladino o djudeo-español (más tarde también conocido como djudezmo). Cantaron sus Romances en las cunas de sus niños, en las bodas de sus doncedllas, en el dolor de sus difuntos, al calor de sus fogones y en sus Sinagogas (Cales) entonando sus canciones litúrgicas en las que siempre entremezclaron el hebreo con el ladino y también su comida peculiar y diferente.




Al igual que los Minhaguim (usos y rituales) se llevaban según la tradición babilónica, su forma de vestir se adaptaba a los usos de los tiempos en España, agregándoles las características propias de los judíos. Ese fue el pueblo que al negarse a aceptar el cristianismo, salió de España para encontrar refugio en los países dominados por el Imperio Otomano y empezar sus nuevas vidas en tierras desconocidas y de costumbres diferentes.
Sin embargo, seguramente con gran sorpresa, los judíos sefaraditas se encontraron en los nuevos países con otros hermanos de su propia religión. Ya desde los tiempos de la rebelión de los Macabeos y su posterior derrota en el año 63 a.c, fueron muchos los judíos que salieron del Reino de Judea para radicarse en toda la zona del mar Egeo y en los países del Imperio Romano: la Península Itálica, Grecia, Turquía, las islas como Creta, Rodas y otras, Sicilia, Venecia y toda la costa del Asia Menor y del Mediterráneo.
Por sus características especiales e influenciados mayormente por la cultura y modo de vida helénica, estos judíos, a los que encontraron ya radicados los sefaraditas recién llegados, se llamaban a sí mismos ROMANIOTES. Hablaban en griego y su atavismo y forma de vida era según los dictados del Imperio Romano.
Su vida religiosa estaba supeditada a los usos y costumbres de Palestina y sus preceptos cívicos y religiosos eran según los cánones del Talmud de Jerusalem, preconizado por Rabí Hillel y posteriormente por Yojanan Ben Zakai.
(No es ni por asomo mi intención el adentrarme en el controversial tema del Talmud Babilónico y el de Jerusalem y sus diferencias -para lo que con toda franqueza y humildad no me siento capacitado- abro este paréntesis ya que históricamente se cita la aceptación por parte de los sefaraditas del Talmud de Babilonia y el de Jerusalem por parte de los Romaniotes).
Al principio del encuentro de los sefaraditas y los romaniotes se presentó naturalmente una gran tensión ya que ambas ramas se enfrentaban mutuamente a gentes que aún siendo de la misma religión, tenían grandes diferencias tanto en el aspecto cultural como en sus costumbres. Los Romaniotes veían, no sin asombro, a unos judíos más sofisticados, con una fuerza cultural más intensa, con un lenguaje diferente.
Istambul, Izmir, Edirne, Salónica, Rodas, grandes y pequeños poblados fueron siendo ocupados por los sefaraditas ante la extrañeza de los romaniotes que habían pasado del poder de Roma, al de Bizancio y de éste al de los Turcos y que, desafiando al Imperio Otomano, continuaron usando el idioma Griego y sus costumbres y atavismos helénicos como si fueran propios.
A cien años de la llegada de los sefaraditas a los dominios turcos, los romaniotes fueron integrándose plenamente aceptando tanto el uso del ladino, como los minhaguim del Talmud Babilónico y este encuentro en la historia resultó más fortalecido para que a partir del siglo XVI y los sucesivos se complementara una vida Sefaradita que se desarrolló plenamente en los grandes centros poblacionales de Grecia, Turquía, Bulgaria, Yugoslavia, Albania, Italia, las Islas del Egeo y del Jónico y la costa de Asia Mayor, incluyendo a Alejandría, El Cairo, Safed y Jerusalem en Palestina.
Del esplendor de Salónica, Atenas, Rodas, Sofía, Sarajevo, poco ha quedado. De Turquía también no podemos hablar de las grandes comunidades que existieron en el pasado. El Holocausto, las guerras balcánicas, la primera guerra mundial, fueron extinguiendo los centros de la población sefaradita para trasladarse a Israel, Norteamérica -con Canadá y México-, Centro y Sur América, Inglaterra, Francia, Holanda, África, Australia y Nueva Zelanda. En esos nuevos lugares y en nuestros días se mantiene viva la herencia con el uso del Ladino, las cánticas, la comida, el ritual en las nuevas sinagogas.


Pese a todo, España -SEFARAD- quedó para siempre sembrada en la memoria de los judíos
sefaraditas y sus herederos.




Regreso al contenido | Regreso al menu principal