Torah y Ciencia - Intelecto Hebreo

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04/07/2018
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Torah y Ciencia

2° Lustro Rev. Foro

Torah y Ciencia
Reflejos de una Sabiduría Eterna y Trascendente


Por: Gabriel Heffes

Tanto en la Toráh como en la Ciencia se presenta un hecho sorprendente. A medida que se avanza y que se adquieren nuevos conocimientos, conforme se acumula más información y se logran nuevas revelaciones, el misterio se ahonda.
Los estudiosos en ambos campos sienten, al mismo tiempo, un enorme placer estético y una profunda humildad:
Es el encuentro del auténtico sabio ante la sabiduría Eterna y Trascendente del Creador. Las líneas comunes en los más grandes sabios del Siglo XX que estudiaron unos la Toráh y otros la Ciencia, son verdaderamente impactantes.
"La cualidad de la fe es una inclinación fina del alma sensible; si la persona es espiritual, su actitud es tranquila y reposada, se encuentra libre de codiciar los apetitos mundanos, sus ojos captan la plenitud de los cielos en su altura de la tierra en su profundidad, él se emociona y se estremece ante el mundo que se le presenta como una incógnita impenetrable, oculta y maravillosa; y esa incógnita envuelve a su corazón y su mente, y él siente como si desmayara, como si no quedara en él espíritu vital, sino sola hacia esa incógnita a la que dirige todo su manantial y su esfuerzo, y en busca de su solución se consume su alma, y opta por atravesar fuego y agua en busca de ella, ya que ¿Qué finalidad tiene para él la vida si esta sublime meta se oculta de él totalmente? y su alma se estremece y se enluta y anhela entender su secreto y conocer su raíz, más los portones se hallan cerrados".
Por otra parte, algunos de los más sabios Rabinos, en todas las generaciones, después de haber invertido un promedio de 12 horas diarias de estudio durante 40 ó 50 años afirman: Ante la inconcebible profundidad de la Toráh, no haber abarcado ni el equivalente a una gota ante todo un océano.
Pero ahora citemos al más grande hombre de Ciencia de todos los tiempos, el profesor Albert Einstein:
"La experiencia más hermosa que nos espera, es la experiencia del misterio, de la cual brotan todo el arte y toda la ciencia auténticos, para quien esta experiencia le es extraña, o que ya no tiene la capacidad de asombrarse y entusiasmarse con un temor reverente, una persona así se considera muerta, sus ojos están cerrados; saber que aquello que para nosotros tiene una profundidad inconcebible realmente existe, se revela por medio de la sabiduría más elevada y la belleza más deslumbrante y que nuestros muy limitados sentidos apenas logran captarlos en su forma más primitiva; este conocimiento, esta sensación se encuentran en las bases de cualquier religión auténtica, y en ese sentido yo pertenezco a las filas de las personas verdaderamente religiosas".
Citemos ahora las palabras del eminente físico, el Dr. Isaac Newton:
"No se cómo me veo ante el mundo, pero ante mí mismo me veo tan sólo como un niño que juega en la orilla del mar, y que jugando encuentra una piedra más lisa, en tanto que el gran océano de la verdad permanece ante mí como una incógnita impenetrable".
Las líneas comunes de los grandes sabios, en el campo de la Toráh y en el campo de la Ciencia, son verdaderamente sorprendentes: la intensa emoción estética de quienes observan la belleza y armonía de un mundo impenetrable y maravilloso, la pequeñez humana ante la sabiduría profunda de la Creación, la humildad de aquellos espíritus inquietos que se enfrentan al misterio impenetrable, y el temor reverente de un alma que se estremece ante la grandeza de la Creación.




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