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Víctimas olvidadas

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Víctimas olvidadas


Por: Magdala
(Abril 2012)

Antes de iniciar esta entrevista, que agradezco profundamente a
Don Faustino Toledo Rodríguez (Timonel sobreviviente),
pregunté a muchas personas sobre la historia del «Potrero del Llano»
y solamente seis sabían de su existencia y su trágico destino.

13 de mayo de 1942, el barco-tanque «Potrero del Llano» navega de Sur a Norte a lo largo de la costa de Florida, con todas sus luces encendidas, llevando pintada en el casco, a babor y estribor, una enorme bandera mexicana, su nombre y país.
Este barco que originalmente se llamó «Lucífero», había sido incautado a Italia en abril de 1941 y rebautizado «Potrero del Llano», en honor de uno de los más productivos fundos petroleros del Estado de Veracruz, México. Había salido de Tampico rumbo a Nueva York, con 38 tripulantes civiles, transportando 46,000 barriles de diesel. A las 23:45 horas, aproximadamente a 25 millas del faro apagado de Fowey Rocks, fue torpedeado por un submarino alemán, convirtiéndose en una enorme hornaza, calcinando a 14 marineros entre los que se encontraba el comandante del barco Teniente de Navío Gabriel Cruz Díaz.
Un sobreviviente de la tragedia concedió a «Foro» esta entrevista en la que nos narra su historia.
«Como a las cinco de la tarde estábamos en cubierta, en la escotilla de proa cantando una canción que dice 'la juventud se va y se va de prisa como el viento, etc.' después de este descanso nos fuimos a nuestras ocupaciones y a las 23:45 los que estaban de guardia, fueron a llamar a sus relevos (Oficial de Cubierta, Timonel, Maquinista, Fogonero y Engrasador). En ese momento tronó el torpedo que dio exactamente en el centro del barco partiéndolo, de tal suerte que no se podía pasar ni a proa ni a popa, así que cada quien se las arregló como pudo.
«Como comentario al margen, le diré que en alguna parte escribieron que en los barcos se hacían simulacros de práctica para evacuar las naves, pero eso no es cierto, nosotros nunca practicamos nada, así que hicimos lo que pudimos y consideramos necesario.
«Algunos se aventaron al mar solamente con el chaleco salvavidas y un grupo de 6 ó 7 que nos quedamos en el castillo de proa, bajamos a la bodega, subimos unos tablones, los amarramos tratando de hacer, lo más rápido posible una balsa.
«El contramaestre se puso como loco, así que le dije a un compañero al que le decía «el patón Ríos», 'dale a este cuate un madrazo o nos vuelve locos a todos'; el fogonero tenía unas manos enormes así que con un solo golpe lo noqueó. Después tomó los tablones como si fueran pajitas y se aventó al mar; entonces le dije al «patón Ríos» ese cuate ya se mató hermano, pero cuando nos asomamos nos gritó: «Órale, órale, bájense porque esto está bonito. Bajamos y claro al caer al agua el contramaestre despertó.
«Los tablones amarrados realmente no eran una balsa y solamente nos servían de sostén. De pronto nos dimos cuenta de que nadie llevaba una faca (cuchillo del equipo de los marineros), así que el «patón Ríos» y yo regresamos al barco a conseguir una.
«Fuimos navegando al costado del barco tratando de separarnos porque del lado de estribor la carga se había regado y toda estaba ardiendo. En la popa estaba el maquinista llamado Guillermo quien al vernos se aventó para reunirse con nosotros.
«Alrededor de las cinco de la madrugada fuimos rescatados por un guardacostas norteamericano. Este tardó en recogernos pues los barcos no querían aventurarse porque temían ser torpedeados. Llegamos a Miami casi desnudos, ojerosos, asustados, hambrientos, aún no repuestos de la trágica sorpresa, pues nosotros en realidad no sabíamos quienes nos habían hundido.
«Después supimos que había sido un submarino alemán de los famosos Lobos Grises, comandado por el almirante Teddy Suhren. Pero una parte de la opinión pública germanófila, antiyanqui o formada por aquellos que nunca creen las informaciones oficiales dijeron que el «torpedo villano» no había sido alemán sino gringo y que nos habían hundido para provocar la entrada de México en la guerra.






«Los 22 sobrevivientes estuvimos en Miami ocho días, después fuimos llevados por las autoridades norteamericanas a San Antonio, Texas y de ahí al Puente Internacional que une los dos Laredos, en donde nos esperaba una multitud que habría de acompañarnos en la ruta de Monterrey, Ciudad Victoria, El Mante, Valles, Ixmiquilpan, los Indios Verdes, hasta nuestro destino final el Palacio de Bellas Artes de la ciudad capital, donde se nos rindió un conmovedor homenaje cargado de discursos encendidos y loas a los 'heroicos hombres de mar'. Pero no nos dieron ni los buenos días, solamente a aquellos que quisimos, PEMEX nos aceptó como empleados de planta en sus instalaciones.»
Esto acontecía sólo cinco meses después del sorpresivo bombardeo nipón a la base naval de Perl Harbor y de la entrada al conflicto de Estados Unidos, país al cual estaba destinado el combustible del «Potrero del Llano».
«Hasta 1983, un señor del Sindicato al que nadie quiere y hasta encarcelaron «La Quina», se acordó de nosotros y logró que nos dieran $5,680 pesos diarios de aquella época más $600.00 para alimentación ($ 11.60 actuales), independientemente del aumento normal por el contrato.
«En 1984 PEMEX nos llevó a Veracruz donde comimos con el Presidente de la República y nos entregaron un pergamino, un reloj (que en el reverso dice «al valor») y una medalla de oro «18 de Marzo», día de la expropiación petrolera.
«Siempre hemos pedido algo para que la gente nos recuerde, sin embargo, solamente existe un monumento en La Paz, Baja California para las víctimas del «Potrero del Llano» y otro en la escollera de Tampico que donó Joaquín Hernández Galicia, pero éste es a todos los marinos del mundo.
«Los marineros tuvimos muchas víctimas, pues días después el 20 de mayo, fue hundido «El Faja de Oro» el que después de evadir los acosos de submarinos y rescatar a los náufragos de un barco norteamericano, fue atacado por las potencias del Eje y torpedeado en el Estrecho de Florida a las 20:12 horas. Como no se hundió fue cañoneado sin piedad. También hubo sobrevivientes, entre ellos el Capitán Ramón Sánchez Mena.
«Sin embargo el tan recordado Escuadrón 201, tuvo muy pocas víctimas, pero ellos tienen hasta una colonia en el Distrito Federal con su nombre, película, etc.
«En fin, a los 20 días retorné a mi trabajo en el «Juan Caciano» y afortunadamente me transfirieron al «18 de Marzo» pues el Caciano fue hundido por un tremendo ciclón.»
Estos acontecimientos llevaron al Presidente de México, Manuel Ávila Camacho, (último presidente militar) a declarar la guerra a las Potencias del Eje (Alemania, Italia y Japón) el 28 de mayo de 1942. México también pagó su cuota de sangre en la Segunda Guerra Mundial, pero en nuestros libros de texto parece que
ésto carece de importancia. Salvo los titulares de los periódicos de aquel año y un libro escrito por Mario Moya Palencia, no existe información relevante al respecto.








¡Qué ingratos somos en México con nuestras víctimas y qué flaca nuestra memoria! En este momento apago la grabadora, retiro mis manos de la máquina de escribir y con profunda tristeza y respeto, me dispongo a guardar por ellas, un minuto de silencio.


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